¡UN VENCEDOR!
«He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.«
2Ti. 4:7
No hay mayor satisfacción para un deportista que llegar a la meta y lograr la victoria, ser “UN VENCEDOR”, detrás de este logro personal hay un trabajo que ha requerido grandes dosis de sacrificio, disciplina con el fin de alcanzar el objetivo.
La vida cristiana es una continua batalla, contra Satanás, el mundo y nuestra carne, son fuerzas poderosas que se oponen contra el evangelio, y como hijos de Dios deseamos vivir de victoria en victoria, ser vencedores y llegar al final de la carrera. Sin duda alguna este debe ser el propósito de todo creyente fiel: “permanecer firme y llegar a la meta final, lo cual es estar con Cristo para siempre”
Para el apóstol Pablo no hubo mayor satisfacción —y ciertamente ninguna forma más gloriosa de terminar la vida cristiana— que saber, que se ha hecho todo aquello a lo cual el Señor lo ha llamado.
Para ello la Palabra de Dios nos ha dejado prácticas que debemos ejercer diariamente para estar fuertes espiritualmente y “pelear la buena batalla”.
- Orar. La oración es vital en la vida de un cristiano. La Biblia nos manda a “orad sin cesar” (1Ts. 5:17). La oración es la herramienta principal para comunicarnos con él y fortalecernos para vencer las tentaciones y batallas en la vida cristiana. (Mt. 26:41)
- Meditar en la Palabra de Dios. Nuestra vida espiritual se alimenta de la Palabra de Dios (Jer. 15:16), somos edificados y limpiados (Sal. 119:9), nos ayuda a conocer la perfecta voluntad de Dios para nuestras vidas (2Pe. 1:19) y para que estos tiempos tengamos el conocimiento suficiente para que no seamos engañados (Os. 4:6; Hch. 17:11)
- Congregarnos. Resulta necesario congregarte para mantenerte firme y crecer en tu vida espiritual. Al congregarte, sirves con tus dones. El apóstol Pablo usó en sus cartas la palabra “cuerpo” más de 30 veces para ilustrar a la iglesia como debe funcionar (1 Co. 12:12-27; Ro. 12:4-5). No soy una pieza que aisladamente busco forjar una vida piadosa, el congregarte es un mandato, no hacerlo es desobediencia (He. 10:25), cuando vemos el libro de Hechos la iglesia primitiva lo practicaba constantemente (Hch. 5:42).
- Predicar el Evangelio. Jesús nos ordenó diciendo: “Y les dijo: Id por todo el mundo predicad el evangelio a toda criatura.” El evangelismo es poderoso y aquellos que abnegada y obedientemente intentan exaltar a Cristo y darlo a conocer a todos, se afirman en su carácter, edificándose espiritualmente, siendo obedientes al mandato. (Efesios 6:15).
Debemos trabajar con disciplina personal, porque eso es lo que la Palabra exige. Sabemos que nuestro tiempo es valioso y limitado y sabemos que nuestro llamado es una responsabilidad que requiere de parte nuestra fidelidad y obediencia.
Avancemos con fe

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente
