UNA MADRE INCOMPARABLE
“Entonces Rizpa hija de Aja tomó una tela de cilicio y la tendió para sí sobre el peñasco, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua de cielo; y no dejó que ninguna ave del cielo se posase sobre ellos de día, ni fieras del campo de noche.” (2 Samuel 21:10)
En medio de una crónica de odios, castigos y venganzas, la Biblia inserta la tierna historia de una mujer madre. Sufrida ya que tuvo una felicidad pasajera, madre soltera marcada por la ilusión, el destino y las malas decisiones; poco afortunada pues llevó una vida llena de desasosiegos. Pero también evidenciando un amor sin comparación por sus hijos que obligó al cronista a considerarla en las páginas de las Sagradas Escrituras.
Este, fue un amor paradigmático y modelo para las madres de todas las generaciones, como lo veremos ahora.
1. SU AMOR SACRIFICADO. En un celo torpe y equivocado el rey Saúl había tratado de borrar del mapa a los gabaonitas. Y por esa causa hubo hambre en Israel.
El rey David deseando arreglar el impase, consultó con los gabaonitas que pedían para resarcir el problema. Ellos exigieron la muerte de siete descendientes de Saúl; allí les tocó ofrendar sus vidas a dos hijos de Rizpa, como lo detalla el texto: “…los cuales fueron muertos en los primeros días de la siega, al comenzar la siega de la cebada.” (2 Samuel 21:9b). Aquí es donde se muestra el amor sacrificado de esta madre, cuando la palabra hace referencia a su actitud: “Entonces Rizpa hija de Aja tomó una tela de cilicio y la tendió para sí sobre el peñasco,” (2 Samuel 21:10a). A través de estas líneas se puede calibrar el amor de madre por:
1.1 LA INMENSIDAD DE SU AMOR. Queda evidenciado por el abandono que hizo de su casa para instalarse en el lugar donde ahorcaron a sus hijos. Allí permaneció contemplando los cadáveres de ellos.
1.2 SU DOLOR ERA TRÁGICO. Se vistió de cilicio, una ropa tosca, áspera y oscura en señal de duelo. Hizo una especie de enramada sobre la peña. Más profundo era su dolor que la comodidad que su cuerpo reclamaba.
1.3 SU AMOR NO SE SUJETABA A CONVENCIONALISMOS. Hizo cosas que otras madres no hicieron. No le importó el qué dirán de la gente ni mucho menos lo que indicaba la costumbre de aquella época. Ella sencillamente expone su dolor y afirma su condición de madre.
2. SU AMOR VIGILANTE. No cabe la menor de que, a su amor sacrificado, suma su amor vigilante. El texto dice: “… desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua de cielo; y no dejó que ninguna ave del cielo se posase sobre ellos de día, ni fieras del campo de noche.” (2 Samuel 21:10b). ¿Por qué decimos que tuvo un amor vigilante? Por:
Cuantas madres no tendrían ahora que, aprender de este amor incomparable.
2.1 EL TIEMPO QUE CUIDÓ A SUS HIJOS MUERTOS. Se instaló en el lugar del ahorcamiento y estuvo de vigilia desde mediados del mes de Marzo, hasta los primeros días de Octubre, que era el tiempo que aparecen las primeras lluvias otoñales. Vale la pena decir entre 6 a 7 meses.
2.2 SU EDAD NO FUE OBSTÁCULO PARA CUIDAR A SUS HIJOS. Rizpa, ya no era la joven ilusa y precipitada. Por aquel tiempo era una anciana, que su único consuelo y expectativa de vida fueron sus hijos.
2.3 NO LE IMPORTÓ LA CRÍTICA DE LA GENTE. La gente jamás podrá entender el dolor ajeno. De allí que ella cada día ofrecía la única y patética prueba de su amor. Esperó con paciencia y dolor la decisión del rey para enterrar a sus hijos.
2.4 EL RIESGO QUE CORRIÓ. Vigiló cada día para que las aves carroñeras no arrancaran las carnes de sus hijos. Vigiló cada noche de las fieras nocturnas, para que no robaran lo que más amaba.
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
