VENCIENDO LOS DESEOS DE LA CARNE
“Vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió;”
(Génesis 3:6)
La Biblia nos explica que el ser humano nace con una naturaleza pecaminosa heredada a partir que pecaron nuestros primeros padres, Adán y Eva.
La persona carnal es la que se deja llevar por sus sentidos, por lo sensual, por sus deseos y pasiones que van en contra de la Voluntad divina.
“Porque aún sois carnales, pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombre?”
(1 Corintios 3:3)
¿Sabía usted que Satanás conoce muy bien los deseos de su carne?
Satanás convenció a Eva para que comiera del árbol del conocimiento apelando a su deseo de sabiduría. Y tal como lo hizo con ella, el enemigo estimulará sus deseos carnales a fin de seducirle para que se destruya a sí mismo.
Una vez que el enemigo logra que peque, usted sentirá vergüenza en la presencia de Dios y lo evadirá, tal como lo hicieron Adán y Eva en el huerto. Se esconderá del Señor y dejará de escucharlo. Después de todo, el enemigo obra para hacer que se sienta completamente alejado del Padre a fin de inutilizarlo para el reino de Dios.
¿Cómo vencer los deseos de la carne?
Busque la dirección de Dios y tenga confianza en que Él siempre tiene en mente lo que es mejor para usted.
Sin embargo, usted no está aislado del Padre. ¡La poderosa sangre de Cristo lo ha reconciliado con Dios para siempre! El Señor quiere que usted esté siempre con Él. Así que no le dé lugar al enemigo con los deseos de su carne.
Las Escrituras nos enseña lo siguiente:
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”.
(Romanos 8:1)
Ningún pecado que un creyente pueda cometer en el pasado, el presente o el futuro puede contarse en su contra, porque el castigo pleno fue pagado por Cristo y la justicia divina fue imputada al creyente.
“Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”.
(Gálatas 5:24-25)
Pablo nos dice que la carne ha sido ejecutada, pero la batalla espiritual todavía se libra dentro del creyente. En la cruz de Cristo, se llevó a cabo la muerte de la carne y se puso fin a su poder para poder reinar sobre los creyentes y éstos deben andar en el Espíritu para agradar a Dios en este mundo.
Mientras lidiamos diariamente con las atracciones de este mundo, recordemos que:
“Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”
(1 Juan 2:17)
Los que siguen la voluntad de Dios es Su pueblo para siempre.
¡Amado hermano!
La lucha interior contra los deseos de la carne es una batalla constante para los creyentes. No debemos caer en la complacencia, creyendo haber alcanzado la perfección. La victoria se encuentra en la rendición diaria a Dios y en la confianza en su poder transformador.
Destruyendo barreras

José Cabanillas
Pastor Asistente
