EL AMOR HACIA LOS ENEMIGOS
«Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.
Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra;
y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa;
y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.
Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.«
Mateo 5:38-42
Esta ley ha sido mal utilizada y abusada a lo largo de los siglos. Con frecuencia, el hombre ha usado la ley para tratar a otros como quería. Pero Cristo ha cambiado la ley. Afirma que el cristiano no devolverá mal por mal; no debe guardar rencor ni venganza, debe ir más allá y perdonar.
1. LA LEY DEL TALIÓN (v. 38)
1.1. Ha sido mal utilizada y abusada. Sin embargo, Dios dio esta ley para mostrar misericordia, controlar las pasiones irresponsables y no reguladas de los hombres, controlar y limitar la venganza. También fue dada para ser un factor limitador, controlador al criminal o persona que obrara mal; y a la víctima, para que no aplique una venganza mayor de la que el crimen merecía. En la antigüedad, los hombres mataban por la mayoría de las ofensas menores (Ex. 21:24; Lv. 24:20; Dt. 19:21).
1.2. La ley realmente indica que una persona no debe tomar venganza. Pero:
a. Cristo no está diciendo “no resistan el mal” nunca. Cristo mismo resistió el mal, expulsó a los cambistas del templo (Mr. 11:15) y resistió el castigo del sumo sacerdote (Jn. 18:22-23).
b. Cristo está diciendo “no resistan el mal”, es decir, no procuren devolver mal por mal, no guardar resentimiento hacia quienes los maltratan. No procures una oportunidad para devolver el mal. En cambio, perdona; deja tu camino para ayudar a aquellos que te hacen mal. Esta actitud es la única forma de alcanzarlos alguna vez para el reino de los cielos.
2. LA RESISTENCIA Y LA VENGANZA (vv. 39-41)
El Señor Jesús compartió tres ilustraciones prácticas, enseñando al creyente cómo tratar a quienes le hacen daño:
2.1. Aceptar el daño físico (v. 39). Mostraba desprecio y amargura. Cristo señala claramente que el cristiano no ha de responder a los insultos más terribles o desprecios amargos, ni siquiera a las amenazas de daño corporal. Volver la otra mejilla es difícil. Significa que la persona no desafía, no se resiste, no se venga, no devuelve; en cambio, se prepara para otro golpe en la mejilla, lo soporta con paciencia. Perdona y deja el asunto a Dios.
2.2. Aceptar el daño en la propiedad (v.40)
La túnica era la vestimenta interior y la capa era la vestimenta exterior. Cristo nos dice que un cristiano no debe ser consumido por la lucha de la propiedad y la disputa de sus derechos. No debe devolver por solo el hecho de tener razón. El creyente olvida su ego, su propiedad sus derechos, y vive para Dios y para la salvación de otros (1 Co. 6:1-8).
2.3. Aceptar cualquier carga impuesta (v.41).
En la antigüedad los ciudadanos de un país conquistado podían prestar servicios forzados por los conquistadores, y podían ser obligados a llevar agua, provisiones y cualquier cosa (Mt. 27:32).
Cristo está diciendo que, si un creyente es forzado a ir una milla, vaya el doble. Es difícil ir una segunda milla. El creyente no debe amargarse, ni protesta ni se aflige, no critica ni protesta. Significa que la persona perdona y sirve. De tal manera con mayor ventaja alcanzará al ofensor a acercarse al reino de los cielos.
Hay momentos cuando el creyente no debe someterse a la voluntad de otro, Hay mandamientos específicos en la Biblia que rigen la moralidad y la injusticia (Ro. 12:18)
3. DAR EN PRESTAMO (v. 42)
3.1. “La gran ética cristiana es dar”. Cristo nos dice que debemos ayudar a los que tienen necesidad y deben hacerlo con buena disposición, en otras palabras, cuando alguien pide, el cristiano da y no quita. Sin embargo, la Biblia no habla de dar indiscriminadamente: “el hombre de bien tiene misericordia, y presta, administrando sus asuntos con discreción” (Sal. 112:5).
3.2. Hay que considerar dos cosas para ver si se debe o no dar:
a. Hay que considerar el efecto sobre quien recibe ¿va a alentar pereza, descuido, vagancia e indulgencia?
b. Hay que considerar la capacidad de la persona para dar. Tiene que dar y dar y aprender a dar más y más, aprendiendo siempre a confiar en Dios. No es casualidad que la gente viene a los creyentes buscando ayuda. son traídos por Dios, tanto para el crecimiento del creyente como para beneficio del necesitado. Sin embargo, el creyente tiene que ser realista y conocer su capacidad de dar, y cuanto quiere Dios que dé, y si la persona pidiendo ayuda tiene una necesidad real.
El creyente debe vivir dispuesto a dar y prestar (2 Co. 8:11-15). No vive para esta tierra ni para este mundo, vive para Dios y el cielo.
Concluimos, dar en préstamo puede ayudar a la persona que toma prestado. Le puede enseñar a confiar más en Dios y aprender a ser más laborioso. El tomador del préstamo tiene que reunir lo necesario para devolver el préstamo.
Destruyendo barreras

José Cabanillas
Pastor Asistente
