¿QUÉ SENTIDO TIENE LA VIDA?
“2 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad. 3 ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?“
Eclesiastés 1:2-3
INTRODUCCIÓN
Hay preguntas que aparecen en algún momento de nuestra vida: ¿Para qué estoy viviendo? ¿Qué queda después de todo lo que hago? ¿Realmente vale la pena tanto esfuerzo?
Quizá no las hacemos todos los días, pero suelen aparecer cuando algo cambia, cuando alcanzamos una meta que pensábamos que nos haría completamente felices, o simplemente cuando nos detenemos a pensar hacia dónde estamos llevando nuestra vida.
Salomón también se hizo esas preguntas.
Él tuvo grandes oportunidades. Conoció el poder, las riquezas, la sabiduría, los placeres y el reconocimiento. Sin embargo, al mirar todo lo que había experimentado, comenzó Eclesiastés diciendo: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”.
No estaba diciendo que vivir no vale la pena. Estaba descubriendo que las cosas de esta tierra, por sí solas, no pueden darle un significado completo a nuestra existencia.
- LA VIDA NOS LLEVA A HACERNOS PREGUNTAS
Salomón pregunta: “¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?” (v. 3).
Trabajamos, estudiamos, hacemos planes, cumplimos responsabilidades, levantamos una familia, servimos y luchamos por alcanzar nuestras metas. Todo eso puede ser bueno.
Pero también descubrimos que la vida pasa rápidamente.
Aquello que hace algunos años nos preocupaba tanto, quizá hoy ya no tiene la misma importancia. Las etapas cambian y nosotros también cambiamos.
Por eso hay momentos en que necesitamos detenernos y preguntarnos: ¿Estoy viviendo solamente para cumplir actividades o estoy viviendo con un propósito?
No debemos tener miedo de hacernos preguntas profundas. A veces una buena pregunta puede ayudarnos a revisar el rumbo de nuestro corazón.
2. NO TODO LO QUE DESEAMOS PUEDE SATISFACERNOS
Salomón no solamente hizo preguntas; también buscó respuestas.
En Eclesiastés 2 cuenta cómo buscó satisfacción en los placeres, las posesiones, los proyectos y los grandes logros. Tuvo la oportunidad de experimentar aquello que muchos desearían tener.
Pero después de conseguir tanto, reconoció: “Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos… y he aquí, todo era vanidad” (Eclesiastés 2:11).
Salomón descubrió algo que nosotros también necesitamos recordar: podemos alcanzar aquello que deseamos y descubrir que nuestro corazón todavía necesita algo más.
No está mal tener metas, disfrutar lo que Dios nos permite alcanzar o esforzarnos por salir adelante. El problema aparece cuando pensamos: “Si consigo esto, entonces mi vida estará completa”.
Hay necesidades profundas del corazón que ninguna posesión, logro o reconocimiento puede satisfacer.
Fuimos creados para algo más grande que simplemente acumular experiencias y alcanzar metas. Fuimos creados para conocer a Dios y caminar con Él.
3. DIOS LE DA DIRECCIÓN A NUESTRA VIDA
Después de todas sus experiencias, Salomón termina Eclesiastés con una conclusión sencilla: “Teme a Dios, y guarda sus mandamientos” (Eclesiastés 12:13).
Después de mirar tantas cosas “debajo del sol”, finalmente dirige nuestra mirada hacia Dios.
La respuesta no era tener más, experimentar más o conseguir más. Era volver el corazón al Creador.
Quizá no entendamos todo lo que sucede en nuestra vida. Habrá etapas alegres y otras difíciles; habrá puertas que se abrirán y otras que se cerrarán. Pero podemos caminar con la seguridad de que nuestra existencia está en las manos de Dios.
Cuando Dios ocupa el centro, comenzamos a mirar de manera diferente todo lo demás.
CONCLUSIÓN
Todos estamos escribiendo nuestra historia con las decisiones que tomamos cada día.
Por eso, de vez en cuando, es bueno detenernos y preguntarnos: ¿Para qué estoy viviendo?
Salomón buscó respuestas en muchas cosas hasta comprender que ninguna podía ocupar el lugar de Dios.
Tal vez hoy no necesitamos hacer más cosas, sino recordar para quién estamos viviendo.
Porque al final, muchas cosas pasarán, otras quedarán atrás y algunas que hoy parecen indispensables dejarán de serlo.
Pero una vida caminada con Dios, nunca es una vida desperdiciada.
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¡Creciendo en la Palabra y viviendo juntos en santidad!

Luiggi Naveda
Pastor Asistente
