LA INFLUENCIA DE UNA MADRE
“Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.”
2 Timoteo 1:5
Este versículo contrasta seriamente con la realidad actual, la cual se puede comprobar en cualquier ámbito y en cualquier latitud. Pues, los hijos adolescentes y jóvenes de padres creyentes ya no siguen con la fe de sus progenitores; esto es triste y lamentable por decir lo menos.
Se contempla como testigos mudos la nefanda conducta de los hijos, influida por una educación materialista, totalmente alejada de Dios. Y una educación pragmática y humanista tirada de los cabellos, con consecuencias graves tanto en el ámbito moral y espiritual del seno hogareño como fuera de él.
¿A qué se debe tanto descalabro familiar ahora? No cabe la menor duda a los siguientes factores:
Un orden de prioridades equivocadas
Todo padre o madre de familia, por lo general, tiene una agenda de actividades diarias donde Dios no aparece por largos días, y en algunos casos por meses. Esta es una triste y lamentable realidad que va dejando cosechar un fruto de dolor y lágrimas, porque es una realidad que no se puede disimular, ni ocultar tampoco.
Cuando la palabra de Dios nos ha dicho:
“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”
(Proverbios 22:6)
Todo padre o madre cristianos que haya puesto en práctica lo que este versículo de la palabra de Dios nos pide hacer, dará un testimonio satisfactorio de la eficacia de la palabra y el poder del Espíritu Santo en la vida de sus hijos.
Muchos padres y/o madres hacen esfuerzos casi sobrehumanos para traer a los hijos a la iglesia y endilgar la responsabilidad al pastor, cuando ellos son los auténticos responsables. Una frase que me hizo templar siendo un padre joven fue esta:
“Lo que el hogar sentencia la muerte, difícilmente la iglesia lo resucita.”
Criar hijos es uno de los más altos ministerios que todo creyente debe considerar. Criar hijos no solo es darles de comer. Es proteger su desarrollo y guiarlos a tomar buenas decisiones en la vida.
La falta de transmisión de una fe viva
La fe viva es aquella que se practica en casa y fuera de ella, todos los días. Cada hijo o hija tiene un modelo o un ejemplo en su hogar, de los cuales aprenderá no solo a alimentarse, sino a hablar y comportarse como lo hacen sus padres y el resto de la familia. Esta fe que nace por influencia de los padres se verá ampliada y enriquecida por la participación de la familia en la iglesia.
Pero, ¿cómo se inicia la fe? El apóstol Pablo, de manera muy acertada, nos dice:
“Así que la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios.”
(Romanos 10:17)
Si la fe se inicia en el hogar, entonces es necesario que los padres practiquen esta fe, entrando en contacto con la palabra de Dios y exponiendo intencionalmente a sus hijos a la influencia de las Sagradas Escrituras. Si logramos dialogar diariamente con los hijos, habremos logrado lo que Eunice y Loida lograron en Timoteo.
No cabe la menor duda de que, a la par que Timoteo fue creciendo en estatura, también lo iba haciendo en conocimientos de Dios. Y esto se iba traduciendo en un comportamiento ejemplar, de tal manera que cuando Pablo inició su segundo viaje misionero, dice la Biblia:
“Después llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego; y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio.”
(Hechos 16:1–2)
A pesar de que seguro para Eunice no fue lo mejor tener un esposo griego, con tantas deidades en el Olimpo para escoger; llegó a tener un hijo con este hombre gentil, tan despreciado por los judíos. Sin embargo, mantuvo su fe intacta. ¿Qué tuvo que ver la madre de ella, Loida? Seguro, mucho. Pero la fe de ambas logró un jovencito cuyo testimonio era conocido en tres ciudades: Derbe, Listra e Iconio.
Ese era un testimonio extendido, admirable y coherente con la palabra de Dios. De allí que Pablo lo reconozca de manera muy clara, la fe de Timoteo:
“Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.”
(2 Timoteo 1:5)
Esto es posible lograr en nuestros hijos, tomando en serio los consejos que tenemos en la palabra de Dios y evitando tener o sostener una fe fingida que hipócritamente ya se manifestaba en los tiempos de Pablo.
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
