NO TE DESANIMES
Mi mandato es: “¡Sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni te desanimes, porque el Señor tu Dios está contigo dondequiera que vaya (NTV)
Josué 1:9
El desaliento es una de las armas más silenciosas del enemigo. No suele llegar con una invitación abierta a abandonar la fe. No te dice: «Deja de seguir a Dios». Su voz es más sutil y, por eso mismo, más peligrosa. Susurra al corazón: «¿Para qué seguir? ¿Para qué luchar contra ese pecado si siempre vuelves a caer? ¿Para qué leer la Biblia si tu corazón sigue seco? ¿Para qué servir en la iglesia si nadie lo nota? ¿Para qué compartir el evangelio si el mundo parece cada vez más endurecido?».
Cuando esa voz se instala, el creyente no necesariamente deja de confesar a Cristo con sus labios, pero comienza a vivir como si la esperanza hubiera perdido fuerza. La oración se apaga. La obediencia se vuelve pesada. El servicio se transforma en rutina.
Así pudo haberse sentido Josué. Después de la muerte de Moisés, debía asumir una responsabilidad enorme. ¿Cómo reemplazar a un líder tan extraordinario? ¿Cómo conducir a un pueblo conocido por su queja y rebeldía? ¿Cómo enfrentar ejércitos más fuertes y ciudades amuralladas? Seguramente conocía sus propias limitaciones y debilidades. El futuro era incierto y el desafío parecía superior a sus capacidades.
Por eso resulta significativo que Dios no le dijera: «Josué, confía en ti mismo». Tampoco le recordó sus talentos, su experiencia o su potencial. Le dio una orden y una promesa: «Esfuérzate y sé valiente… porque Jehová tu Dios estará contigo».
El mundo nos anima diciendo: «Tú puedes. Cree en ti. Eres más fuerte de lo que piensas». Pero la Palabra de Dios habla con mayor profundidad: «Sí, eres limitado. Sí, eres débil. Sí, no tienes todas las respuestas. Pero Yo estaré contigo».
El problema muchas veces no es el tamaño de nuestras dificultades, sino el tamaño de nuestro Dios en nuestra perspectiva. Magnificamos los problemas y minimizamos a Dios. Miramos el pecado que nos vence, la familia que no cambia, el ministerio que parece estancado o las puertas que permanecen cerradas, y concluimos que no vale la pena seguir intentándolo.
Sin embargo, la fe verdadera no espera a que desaparezca el miedo para obedecer. La valentía bíblica no es ausencia de temor; es avanzar confiando en la presencia de Dios a pesar del temor. Josué tuvo que cruzar el Jordán antes de ver las murallas caer. Debía caminar por fe antes de contemplar la victoria.
Quizá hoy estás cansado. Tal vez has orado durante años por un hijo sin ver cambios, has luchado repetidas veces contra el mismo pecado o has servido fielmente sin recibir reconocimiento. No te desanimes. Ora otra vez. Lee la Palabra otra vez. Busca ayuda otra vez. Sirve otra vez. Comparte el evangelio otra vez. No porque seas fuerte, sino porque Dios permanece fiel.
Y recuerda que la promesa dada a Josué encuentra su plenitud en Cristo. Jesús dijo: «He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo«. Él venció el pecado, derrotó a la muerte y nunca abandona a los suyos.
Si aún no has venido a Cristo, corre a Él. Solo en Jesús encontrarás perdón para tu pecado, paz con Dios y una esperanza que el desaliento no puede apagar.
Avancemos con fe.

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente

Amén 🙏🏽 🙌🏽 Gracias Dios 🙏🏽