EL PADRE NUESTRO 3
“Venga tu reino.”
Mateo 6:10a
Siempre tenemos que recordar que el Señor Jesús enseñó el «Padre Nuestro» como una oración que encarna la sencillez, la intimidad, la seguridad y la honestidad, que contrasta seriamente con la hipocresía religiosa de los fariseos o con la vana palabrería de los religiosos de todos los tiempos.
Hemos mencionado que esta oración modelo es verdaderamente un paradigma digno de ser seguido en nuestra adoración y comunión con Dios; por lo tanto, esta expresión: “Venga tu reino.” Tiene un significado profundo y escatológico (es decir, que aunque se inicia cuando Cristo llega a nuestras vidas, tendrá su concreción en el futuro), de allí que cuando mencionamos “Venga tu reino”, estamos considerando:
1. ES UN DESEO DE VER CÓMO SE INICIA EL REINO. Esto quiere decir que cada uno de los creyentes que nos consideramos hijos de Dios por medio del nuevo nacimiento, anhelamos profundamente ver cómo el reino de los cielos va llegando a nuestras propias casas, alcanzando a nuestros familiares. Hay que recordar que cuando Jesús inició su ministerio, lo hizo diciendo: “El tiempo se ha cumplido, el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio.” (Marcos 1:15), ¿a qué reino se refería cuando decía el reino de Dios se ha acercado? Se refería precisamente a Su presencia en la tierra y en el corazón de los hombres. Un hijo de Dios debe anhelar profundamente que Jesús llegue a su casa y viva en el corazón de cada miembro de su familia. Como también Lucas lo menciona, animando a cada creyente: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” (Hechos 16:31)
2. ES UN ANHELO DE VER LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO. Una de las satisfacciones más grandes de un hijo de Dios es que el Señor Jesucristo venga por segunda vez y se convierta en nuestro Rey. Ese es un privilegio muy grande, el tener un Rey bueno, sabio, amoroso y justo. De otro lado, entregar nuestras vidas a este Rey es asegurar un reino lleno de paz, de amor y de justicia, características que en este mundo escasean cada día. Además, es un reino en el cual no hay distinción de personas, ya que en este mundo los privilegiados son los adinerados y ricos, que poco interés tienen en los pobres y humildes que pasan desapercibidos. Pero la promesa de nuestro Rey es: “Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?»(Santiago 2:5). Ese es un verdadero reino, lleno de amor y justicia, que no hace acepción de personas y toma en cuenta a aquellos que reconocen su condición delante de Dios y lo aceptan como su Rey y Padre celestial.
Así que cuando oramos: “Venga tu reino.” Lo podemos hacer considerando estos dos anhelos que deben caracterizar a cada hijo de Dios.
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
