UN SERVICIO DE EXCELENCIA
“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el señor y no como para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.”
Colosenses 3:23-24
Aunque Pablo está escribiendo acerca de las relaciones: Marido y mujer, padres e hijos, siervos y amos, sus principios son universales para toda clase de servicio, máxime si es en la iglesia del Señor. Entonces bien vale la pena examinar algunos principios que determinan el servicio de excelencia que debemos de rendir a nuestro Señor.
Todo creyente espera servirle al Señor, ya sea por imitación de algunos, por el bueno y excelente ejemplo que otros servidores han dejado, o porque les han invitado a hacerlo. Y la pregunta siempre será: ¿Y cómo lo hago? He aquí algunas condiciones para el servicio al Señor.
1. NO IMPORTA EL TIPO DE SERVICIO. Para Dios no importa si el servicio que desarrollamos es por primera vez o con mucha experiencia. No importa si es de breve duración o de larga duración. No importa si es grande o pequeño: “Y todo lo que hagáis” (Colosenses 3:23a). El apóstol Pablo dice: “Y todo”, es decir, nada que hagamos es de segunda clase o sin trascendencia en el reino de Dios. Así que, debemos de considerar que, no hay ministerios más importantes y ministerios menos importantes; todos absolutamente tienen que ver con el Señor Jesucristo.
2. HACEDLO DE CORAZÓN. Es casi una constante escuchar y ver hermanos (as), cansados, aburridos, desalentados en el ministerio encomendado para servir al Señor y a Su iglesia. Esta condición es muy triste, quienes pasen por esta situación jamás han entendido las demandas del ministerio: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el señor y no como para los hombres;” (Colosenses 3:23b). El ministerio, no importa el que sea, deberá de ser hecho: “hacedlo de corazón, como para el señor y no como para los hombres;” (Colosenses 3:23-24). Muchos creyentes han tropezado con esta condición pensando que, lo que hacen, lo hacen porque, el hermano mayor, el pastor, discipulador, diácono, y/o anciano, se lo han pedido.
3. HACEDLO COMO PARA EL SEÑOR. Sin lugar a dudas, hay una tremenda diferencia considerar que, lo que hacemos es para nuestro Señor y no para ningún hombre; aunque sean los hombres quienes reciban el servicio, la demanda y desempeño se lo requiere el Señor. Por eso, Pablo dice: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el señor y no como para los hombres;” (Colosenses 3:23). El servicio cristiano o ministerio es trascendental, no tiene recompensa alguna en esta tierra; sino en los cielos. Y no obedece a requerimiento de hombres, sino a capacitación y voluntad del Señor, quien es el dueño de la mies.
Sin lugar a dudas que muchos creyentes viven la frustración del servicio, esperan la recompensa y consideración de los hombres; y se pierden la motivación, la honestidad, la entrega y satisfacción de servir al Rey de reyes y Señor de señores. ¡Considéralo!
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
