LEVANTA TU MIRADA
«Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.»
Colosenses 3:1-2
La La carta a los Colosenses fue escrita por el apóstol Pablo para fortalecer la fe de los creyentes y exhortarlos a no dejarse desviar por enseñanzas humanas ni legalismos religiosos. Pablo les recuerda que, al unirse a Cristo por la fe, han muerto a su antigua manera de vivir y ahora han resucitado a una nueva vida con Él.
En Colosenses 2:20–3:4, el apóstol explica que los creyentes ya no están gobernados por las normas y deseos de este mundo. Su verdadera vida está escondida con Cristo en Dios, y por esa razón deben adoptar una nueva perspectiva: centrar sus pensamientos, afectos y anhelos en las cosas de arriba, no en lo terrenal.
Sin embargo, poner la mira en lo celestial no es algo natural para nosotros, aunque sí es lo que más necesitamos. Vivimos rodeados de distracciones constantes: redes sociales, responsabilidades, preocupaciones y deseos materiales. Sin la obra del Espíritu de Dios en nosotros, los afectos de nuestro corazón y los atractivos de nuestro entorno pondrán constantemente nuestra mira en las cosas de la tierra.
Nuestros corazones, por naturaleza, se inclinan hacia lo que podemos ver, tocar y controlar. Pero esas cosas, aunque atractivas, no pueden sostenernos ni darnos vida. Por eso, necesitamos aprender a buscar lo invisible, lo eterno, lo que está en Cristo.
Mantenemos la mirada en lo eterno cuando…
- Renovamos nuestra mente con la Palabra (Ro. 12:2). Leer, meditar, memorizar y aplicar la Palabra es fundamental para mantener la mirada en lo alto.
- Buscamos a Dios intencionalmente cada día (Col. 3:1). Este verbo implica acción continua. No es algo que sucede una vez al año, sino un hábito diario
- Cultivamos afectos espirituales por medio del Espíritu (Mt. 6:21). Nuestros afectos siguen a nuestros hábitos y a nuestro enfoque.
- Recordamos nuestra identidad en Cristo (Col. 3:3). No somos lo que el mundo dice que somos.
- Vivimos con la esperanza de la gloria futura (Col. 3:4). Meditar en la eternidad nos da perspectiva, consuelo y dirección. Lo eterno no es una fantasía: es nuestro futuro real.
Dice Matthew McCullough “Estoy seguro de que nunca ha sido más difícil fijar nuestras mentes en las cosas de arriba como lo es hoy. Pero lo que está en juego es demasiado importante. Es mucho lo que podemos perder si no lo hacemos y es muchísimo lo que podemos ganar si lo hacemos.”
Cada día es una nueva oportunidad para elegir a qué le darás tu atención y afecto: ¿a lo pasajero o a lo eterno? ¿A lo que se desgasta o a lo que permanece para siempre?
No se trata de ignorar nuestras responsabilidades terrenales, sino de vivirlas a la luz del Evangelio. Porque cuando Cristo es tu enfoque, todo lo demás encuentra su lugar.
Levanta tu mirada. Cristo está allí, sentado a la diestra de Dios, gobernando con poder. Y tú, en Él, tienes una esperanza firme que nada ni nadie puede quitarte.
Avancemos con fe

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente
