PEQUEÑOS PECADOS ENDURECEN EL CORAZÓN
“Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.”
Hebreos 3:13
No siempre el corazón se endurece de un momento a otro. Muchas veces el endurecimiento comienza de manera silenciosa, con pequeñas decisiones que parecen insignificantes. Una palabra que sabemos que no debimos decir, una actitud que justificamos, una mentira que consideramos necesaria, una ofensa que decidimos guardar, un pensamiento que alimentamos o una desobediencia que preferimos llamar “algo sin importancia”.
El problema no está solamente en el tamaño que nosotros damos al pecado, sino en lo que el pecado produce en nuestro corazón cuando dejamos de tratarlo delante de Dios. Hebreos 3:13 nos advierte que el pecado es engañoso. Primero nos convence de que no es grave; después nos lleva a tolerarlo y finalmente puede producir endurecimiento espiritual.
Por eso necesitamos aprender a reconocer cómo los pequeños pecados pueden afectar progresivamente nuestra relación con Dios.
1. LA EXHORTACIÓN MUTUA NOS AYUDA A CONSERVAR UN CORAZÓN SENSIBLE
“Antes exhortaos los unos a los otros…” Hebreos 3:13a
Es significativo que el autor de Hebreos no solamente diga que debemos cuidarnos individualmente, sino que debemos exhortarnos unos a otros.
Necesitamos hermanos que puedan hablarnos con amor y también necesitamos humildad para escuchar. Una palabra oportuna puede mostrarnos aquello que nosotros ya no somos capaces de reconocer.
El corazón sensible necesita permanecer cerca de Dios, de su Palabra y de la comunidad de creyentes.
2. EL PECADO REPETIDO DEBILITA NUESTRA SENSIBILIDAD ESPIRITUAL
“cada día, entre tanto que se dice: Hoy;” Hebreos 3:13b
El pecado puede volverse habitual cuando dejamos de confrontarlo diariamente con la Palabra de Dios. Un pequeño pecado tolerado hoy puede convertirse en una práctica mañana, y una práctica repetida puede terminar afectando nuestra sensibilidad espiritual.
La pregunta no es solamente: “¿He pecado?”, sino también: “¿Hay algún pecado que estoy permitiendo repetidamente en mi vida y que ya no me produce la misma convicción que antes?”
Hebreos nos invita a actuar “cada día”, mientras todavía se dice “Hoy”. No debemos esperar a que el corazón esté endurecido para buscar a Dios. La mejor manera de evitar un corazón endurecido mañana es responder hoy a la voz de Dios. ¿Hay algo que antes me dolía delante de Dios y que ahora estoy tolerando?
- EL PECADO PEQUEÑO QUE TOLERAMOS PUEDE CONVERTIRSE EN UN PECADO QUE JUSTIFICAMOS
“…para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.” Hebreos 3:13c
El pecado tiene una capacidad particular: engañarnos. Nos hace pensar que aquello que estamos permitiendo no tiene mayores consecuencias. Comenzamos diciendo: “No es tan grave”, “todos lo hacen”, “Dios conoce mi corazón” o “después lo voy a corregir”.
Pero cada vez que justificamos aquello que Dios quiere que abandonemos, nuestro corazón se vuelve menos sensible a su voz.
El peligro no está solamente en caer, sino en acostumbrarnos a permanecer caídos. Lo que ayer nos producía tristeza, mañana puede parecernos normal.
Por eso debemos llevar delante de Dios aun aquellas cosas que consideramos pequeñas. La sensibilidad espiritual se conserva cuando no negociamos con el pecado.
Los pequeños pecados nunca son realmente pequeños cuando comienzan a ocupar un lugar permanente en nuestro corazón. El pecado engaña, acostumbrando progresivamente al creyente a aquello que antes rechazaba.
Por eso, no esperemos una gran caída para reaccionar. Confesemos hoy. Arrepintámonos hoy. Obedezcamos hoy. La palabra que se repite en Hebreos 3 es precisamente: “Hoy”.
No permitas que aquello que hoy te parece pequeño mañana se convierta en una dureza que te impida escuchar la voz de Dios. Mantén tu corazón sensible delante del Señor.
Avancemos con fe

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente
