DECISIONES SABIAS
“Y dijo el Señor a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos.”
1 Samuel 8:7
Vivimos tiempos donde las decisiones colectivas marcan el rumbo de una nación. En el contexto de este pasaje, el pueblo de Israel pidió un rey “como las demás naciones”. No fue una decisión basada en principios espirituales, sino en presión cultural, temor e inconformidad. Dios deja claro que, detrás de esa elección, había algo más profundo: un rechazo a Su gobierno.
Hoy, en medio de procesos electorales, esta realidad sigue vigente. Elegir no es un acto superficial; es una decisión que refleja el corazón, los valores y la dirección espiritual de una sociedad.
El Nuevo Testamento describe a la iglesia como “columna y baluarte de la verdad” (1 Timoteo 3:15). Esto significa que no solo creemos la verdad, sino que la proclamamos, la defendemos y la vivimos. Tal como el apóstol Pablo instruyó a Timoteo, el enfoque no es conformarnos a una sociedad con valores distorsionados, sino mantenernos firmes en la Palabra de Dios, enseñándola con fidelidad, corrigiendo, exhortando y guiando con paciencia.
Ante una cultura que cambia constantemente, la respuesta no es el aislamiento ni la indiferencia. Tampoco es actuar movidos por emociones pasajeras o discursos populistas. Más bien, somos llamados a perseverar en las Escrituras, porque en ellas encontramos todo lo necesario para discernir correctamente.
Una decisión sabia comienza cuando vemos la realidad como Dios la ve.
Esto implica que, al momento de ejercer nuestra responsabilidad ciudadana, debemos evaluar con cuidado. No basta con propuestas atractivas o promesas llamativas. Es necesario preguntarnos si quienes aspiran a gobernar reflejan principios sólidos, si sus posturas están alineadas con valores fundamentales como el respeto por la vida, respeto a la familia tradicional, la integridad moral, la justicia y el bienestar verdadero de la sociedad.
Como creyentes, no dejamos nuestra fe en la iglesia el domingo. Vivimos el evangelio en nuestra familia, en el trabajo y también como ciudadanos. Podemos participar en la vida pública, expresar nuestras convicciones y contribuir al bien común. Pero todo esto debe hacerse desde una base firme: la verdad de la Palabra de Dios.
El peligro, como en tiempos de Samuel, es dejarnos llevar por lo que “todos hacen”, por la presión social o por el descontento momentáneo. Cuando una nación elige sin discernimiento, las consecuencias pueden ser profundas y duraderas. No se trata solo de elegir un candidato, sino de ejercer una responsabilidad delante de Dios. Cada decisión cuenta. Cada voto tiene un impacto.
Que nuestra oración sea pedir sabiduría para discernir correctamente, firmeza para mantenernos en la verdad y convicción para actuar de manera coherente con nuestra fe.
Porque una nación cambia cuando su pueblo aprende a tomar decisiones sabias.
Avancemos con fe

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente
