AUTORIDAD Y PODER DE JESÚS
“Quiero; sé limpio”
(Mateo 8:3)
La lepra era la enfermedad más terrible en días de Jesús, grandemente temida. Desfiguraba a la persona, y a veces era inevitable. Era una maldición para este pobre hombre. En realidad, resultaba una enfermedad tan dolorosa y terrible que aquellos que la padecían debían llevar cascabeles colgados al cuello para que otros pudieran evitar el contacto con ellos y no infectarse. “En la Biblia la lepra es un tipo del pecado”.
¿Es curable la lepra? El siguiente incidente confirma el hecho de que se considera virtualmente incurable: El rey de Siria envió cartas al rey de Israel en que decía: “Cuando lleguen a ti estas cartas, sabe por ellas que yo envío a mi siervo Naamán, para que lo sanes de la lepra”. El rey de Israel rasgó sus vestidos y exclamó: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste, envíe a mi a que sane a un hombre de su lepra? (2 R. 5:7).
En la actualidad hay casos en que la lepra ha sido curada por la ciencia; queda como un hecho que hace poco tiempo esta enfermedad ha sido una enfermedad incurable. Los rabinos consideraban la curación de la lepra tan difícil como la resurrección de un muerto. Sin embargo, Dios es poderoso para curarla, como dice en Nm. 12:13-15; 2 R. 5:14; Mt. 8:2-4.
En el momento en que Jesús fue confrontado con el leproso mencionado en este pasaje, no habían ocurrido las curaciones mencionadas en el NT y en el AT; habían sido pocas.
Según Mt. 8:1-3, dice que Jesús descendió del monte y le seguía mucha gente, y vino un leproso valiente; de inmediato se arrodilló delante de Él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme», fueron palabras llenas de una tremenda fe, pronunciadas por un hombre que con toda probabilidad no dudaba de la capacidad del Señor, pero probablemente tenía temor de que lo pasara por alto. “Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; se limpio. Y al instante su lepra desapareció”. Y el Salvador fue más allá de sanar las dolencias físicas del leproso cuando atendió las necesidades de su alma al tocarlo. El leproso no pidió solamente ser sanado, pidió ser purificado. “Quería ser restaurado, es decir, ser sanado y salvado completamente”.
Las palabras “si quieres” muestran dos cosas:
– Muestran una gran fe en Jesús.
– Muestran que el leproso apeló al corazón de Jesús, no a su poder. Creía y sabía que Jesús tenía el poder.
En esta porción bíblica es el primer milagro de sanidad obrado por Jesús. Cristo dio prueba de dos cosas al sanar al leproso:
1. Jesús dio prueba de ser Dios, de poseer el poder de Dios. La gente sabía que nadie podía sanar a un leproso sino Dios (2 Reyes 5:7).
2. Jesús dio pruebas de ser el Mesías. El Salvador del mundo. No solamente declaró sanado al leproso, sino que quitó la lepra (pecado) del hombre; purificó total y completamente al hombre.
¿Por qué no son sanados todos los hombres?
La razón es Dios. Cuando Dios mira nuestras peticiones, considera al menos cuatro cosas:
(1) La gloria de Dios. ¿Aportará la concesión del pedido mayor gloria al nombre de Dios?
(2) Nuestro bien, no solamente físico, sino espiritual, ¿cómo quiere Dios usarnos ahora?
(3) La sabiduría de Dios. Él sabe quién necesita y qué, el momento cuando lo necesita; para quién lo necesita; dónde; cómo y el porqué de la necesidad.
(4) La misericordia de Dios. Él desea que los hombres conozcan Su misericordia; Dios hace todo lo necesario para demostrar su misericordia a los hombres.
El leproso purificado, después de haber sido limpiado, tenía que hacer dos cosas que todo buen creyente debe hacer:
a. El hombre purificado tenía que cuidarse del orgullo.
b. El hombre purificado tenía que obedecer la ley.
¡Hermano!
Tal vez haya sufrido por mucho tiempo y se pregunta si Jesús puede restaurarle también. Anímese, el Salvador es capaz de sanar su enfermedad. Su poder sanador no se origina en sus dedos ni en su ropa; viene directamente del Jesús divino y humano, de su Voluntad todopoderosa y de su corazón compasivo.
El leproso no pidió meramente ser sanado; pidió ser purificado, quería ser restaurado, es decir, ser sanado y salvado completamente.
El leproso tenía una gran fe en Jesús, creía que Jesús tenía poder de sanarlo.
Cristo vino al mundo para curar enfermedades; y la fe en Él, como Sanador, es esencial para curarnos.
Destruyendo barreras

José Cabanillas
Pastor Asistente
