“Más acompañados de lo que creemos”
Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.
2 Reyes 6:17
Durante años, en una ciudad marcada por la inseguridad, vivió un hombre cuya vida parecía contradecir la realidad que lo rodeaba. Pablito, un hombre sencillo, de unos 45 años y baja estatura, tenía una costumbre constante: después de cada servicio en la iglesia regresaba caminando a su casa. El camino que recorría no era fácil ni seguro. Era conocido como un lugar peligroso, uno de esos trayectos que muchos preferían evitar, especialmente de noche.
Sin embargo, quienes lo conocieron durante ese tiempo recuerdan algo sorprendente: nunca se supo que Pablito fuera asaltado o lastimado. Caminaba solo, sin protección visible, sin acompañantes, sin armas, sin prisa… y sin miedo aparente. Simplemente caminaba… y siempre llegaba bien.
Años más tarde, una persona que había sido parte de ese ambiente peligroso se convirtió a Jesús. Al reconocer a Pablito, compartió algo que nadie había imaginado. Confesó que en varias ocasiones intentaron asaltarlo. Lo observaron, lo siguieron y evaluaron el momento. Pero siempre desistían.
¿La razón? Desde su perspectiva, Pablito nunca caminaba solo. A su lado iban siempre dos hombres altos, cuya presencia imponía respeto y hacía retroceder cualquier plan. Nadie se atrevía a acercarse.
Lo impactante es que Pablito jamás fue consciente de esa compañía. Él siempre hizo ese recorrido completamente solo, sin ver a nadie, sin sentir algo extraordinario. Caminaba confiado, sin saber que estaba más acompañado de lo que creía.
Esta historia nos recuerda el pasaje de 2 Reyes 6:17, cuando el criado de Eliseo se llena de temor al ver el ejército enemigo que los rodeaba. Eliseo entonces ora: “Te ruego, oh Señor, que abras sus ojos para que vea.” Y cuando Dios abre sus ojos, el criado descubre que los montes estaban llenos de caballos y carros de fuego, un ejército invisible que siempre había estado allí.
Hoy, como Pablito y como el criado de Eliseo, muchas veces caminamos por “lugares peligrosos”. No siempre son calles oscuras; a veces son problemas familiares, incertidumbre económica, diagnósticos médicos, decisiones difíciles o batallas internas. Y el temor aparece porque solo vemos lo visible.
Pero la Palabra de Dios nos recuerda una verdad profunda: Dios no abandona a los suyos. Aunque no siempre lo percibamos, Su presencia nos rodea. Hay peligros de los que nos libra sin que lo sepamos, batallas que pelea por nosotros en silencio.
La protección divina no siempre se siente, pero siempre es real.
No camines dominado por lo que ves, sino fortalecido por lo que crees: camina confiado. No porque todo sea fácil, sino porque Dios va contigo. No pongas tu paz en lo que ves, sino en Aquel que prometió guardarte. Tal vez hoy no veas los “carros de fuego”, pero puedes vivir con la certeza de que no estás solo.
Pidamos entonces lo mismo que Eliseo: no solo que Dios cambie nuestras circunstancias, sino que abra nuestros ojos para confiar, para caminar con paz y para vivir con la certeza de que “los que están con nosotros son más que los que están contra nosotros”.
Pidamos al Señor que abra nuestros ojos para confiar, descansar y caminar cada día sabiendo que estamos más acompañados de lo que creemos.
Avancemos con fe

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente

“…los de nuestro lado son más que el adversario…” amén 🙏🏼