COMENZAR DE NUEVO, DE LA MANO DE DIOS
“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”
Filipenses 3:13-14
El 1 de enero no es solo el inicio de un nuevo calendario; es una oportunidad que Dios nos concede para detenernos, mirar nuestro corazón y volver a alinearnos con Su propósito. El año que terminó dejó marcas: alegrías, luchas, aciertos y errores. Pero hoy, al comenzar un nuevo año, Dios nos recuerda que no estamos atados al pasado. En Cristo, siempre hay un nuevo comienzo, una nueva gracia y una nueva esperanza.
Este día no se trata de promesas humanas, sino de una renovación espiritual: caminar un año más tomados de la mano del Señor.
- Dios nos llama a soltar el pasado
Pablo reconoce que hay cosas que deben quedar atrás. No solo los fracasos, sino también los logros del ayer cuando se convierten en un lugar de comodidad que nos impide crecer. El pasado no debe gobernar nuestro presente ni definir nuestro futuro. Dios no nos invita a vivir mirando por el retrovisor, sino con los ojos puestos en lo que Él quiere hacer ahora.
Soltar el pasado implica confiar en que la gracia de Dios es suficiente para sanar lo que dolió, perdonar lo que falló y redimir lo que parecía perdido. Este nuevo año comienza mejor cuando dejamos en las manos de Dios lo que ya no podemos cambiar.
2. Dios nos invita a avanzar con propósito
El llamado de Pablo no es a avanzar sin rumbo, sino a “proseguir a la meta”. Dios tiene un propósito claro para nuestra vida, nuestra familia y nuestra iglesia. El nuevo año no es solo tiempo que pasa; es terreno que se conquista espiritualmente.
Avanzar con propósito significa vivir cada día con dependencia de Dios, con un corazón dispuesto a obedecer, crecer y servir. No sabemos todo lo que traerá este año, pero sí sabemos quién camina delante de nosotros. Y eso es suficiente para seguir adelante con fe.
Conclusión
El 1 de enero nos recuerda que Dios es el Señor del tiempo y de nuestra historia. Él no ha terminado con nosotros. Hay nuevas misericordias, nuevas oportunidades y nuevos desafíos que enfrentar de Su mano.
Hoy es un buen día para decir: “Señor, dejo atrás lo que fue, y comienzo este año confiando plenamente en Ti”. Que este nuevo año no sea solo un cambio de fecha, sino un paso firme hacia la voluntad perfecta de Dios, caminando con esperanza, fe y obediencia.
¡Creciendo en la Palabra y viviendo juntos en santidad!

Luiggi Naveda
Pastor Asistente
