LA HORA PERUANA… ¿TAMBIÉN EN LA IGLESIA?
“Porque donde están dos o tres reunidos en Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos”
Mateo 18:20
La “hora peruana” es una expresión popular en nuestro medio; la usamos de manera humorística para referirnos a la tendencia a la impuntualidad, es decir, llegar tarde a una cita, reunión o evento, en contraste con “la hora exacta” o “la hora inglesa”.
Debo reconocer —y quizá muchos de nuestros lectores también— que en ocasiones hemos caído en ese estereotipo: llegar tarde a nuestras citas pactadas.
Pero lo triste es cuando trasladamos este mal hábito a nuestras reuniones dominicales. Es una realidad que, al iniciar la celebración, la capacidad del templo está apenas al 50%. Conforme se va desarrollando el programa, van llegando el resto de los creyentes.
Hay razones legítimas, por supuesto, por las que algunas personas podrían llegar tarde de vez en cuando: a los padres quizá les cueste alistar a sus hijos a tiempo, el tráfico puede estar más pesado de lo normal o el transporte público puede demorarse. Así es la vida, y la gracia debe abundar en tales situaciones.
Sin embargo, la pregunta —como lo dice Joe Carter— sigue siendo válida:
“¿Qué mensaje comunicamos sobre la naturaleza y la importancia de aquello para lo que nos reunimos?”
Algunas personas parecen tratar los primeros quince minutos del servicio como los tráilers de una película, una parte opcional que no es esencial para el “espectáculo principal”. Pero, sin darnos cuenta, hemos creado colectivamente una cultura que socava el verdadero propósito de nuestra reunión.
- La asistencia presencial es necesaria para que podamos adorar colectivamente. El canto, la oración y la predicación dependen de que la congregación esté presente para participar; requiere que nos congreguemos intencionalmente, y no solo que eventualmente lleguemos.
El verso al inicio nos recuerda que tenemos una cita pactada en nuestras agendas para reunirnos cada domingo unos con otros, y con el Dios que merece respeto, toda alabanza y adoración.
La adoración colectiva es el diseño de Dios para Su iglesia. Al llegar tarde, perdemos la hermosa oportunidad de elevar juntos una voz de alabanza como Iglesia, una voz que Dios reconoce de manera individual. No se trata solo de prepararnos para la ministración de la Palabra, sino de ofrecer a Dios el honor de nuestra presencia desde el principio.
- Otro punto importante es que nuestra puntualidad (o falta de ella) también afecta nuestro testimonio ante los visitantes y los que vienen por primera vez. Cuando las personas visitan una iglesia, ¿qué les estamos enseñando acerca de nuestras prioridades? ¿Sobre la importancia que le damos a la adoración colectiva? ¿Sobre nuestro respeto mutuo y hacia Dios?
¿Cómo podemos resolverlo?
- La solución comienza cuando cada uno de nosotros prioriza la puntualidad como una expresión de nuestro compromiso con la adoración colectiva y con los demás.
- Promovamos la puntualidad como una manera de estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras (Hebreos 10:24).
El Dios del universo ha planificado un tiempo para reunirse con nosotros cada domingo. Lo mínimo que podemos hacer es llegar a tiempo.
Avancemos con fe

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente

Amén! 👍