HAY QUE QUEMAR NUESTRAS NAVES
“Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quien sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” (Josué 24: 15)
Probablemente muchos habrán escuchado la expresión “Hay que quemar nuestras naves” El significado de este dicho tiene que ver con la decisión que tomaba un rey conquistador, o el capitán de un ejército, que arribaba en sus barcos a tierras o costas lejanas en busca de extender sus dominios o conquistar nuevas tierras. Esto sin duda requería de una lucha constante sin dar tregua al enemigo, pero también para evitar que algunos miembros del ejército desertaran debido al fragor y dureza de la lucha, del combate; enviaba a su gente de confianza a quemar las naves en las que llegaron; para evitar que dejaran de luchar o tuvieran la opción de retroceder. Al ver las naves ardiendo en fuego, no quedaba otra cosa que seguir luchando, hasta lograr la victoria.
Si, esto hacían ejércitos en busca de nuevas tierras, animados por la codicia de extender sus dominios; ¿no lo harías tú luchando por tu familia para lograr ver que en el correr del tiempo, ellos amen y sirvan al Señor? Esta, es la batalla de nuestro tiempo, luchar y luchar por nuestra familia; pero para eso, tenemos que quemar nuestras naves. Lo hizo Abraham, Josué, el rey David, Pablo, etc. Dios ha puesto en nuestras manos las armas necesarias:
1. UNA FORMACIÓN TEMPRANA. Nuestros hijos necesitan ser formados, guiados, e iniciados en un camino determinado desde lo más temprano posible. Sí, pero, ¿Desde cuándo? Yo diría desde antes de su nacimiento, es decir desde el vientre de la madre. Pero, ¿cómo? Habla con él, ora por él, transmítelo tus anhelos y sueños para su vida. Tú dirás, pero él no entiende. Claro que entiende, la genética ha descubierto que tenemos una memoria fetal, la cual almacena todo lo que oye desde el vientre de la madre. De allí la recomendación de la palabra: “Instruye al niño en su camino, y cuando fuere viejo no se apartará de él.” (Proverbios 22:6). Hay que marcar la vida de nuestros hijos para la posteridad, moldeando su corazón y su conciencia.
2. UNA DETERMINACIÓN FAMILIAR. Esta es una decisión familiar, un compromiso con Dios y un testimonio para el mundo. Josué tomó una decisión personal pero a la vez radical: “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quien sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” (Josué 24: 15). Esta decisión es muy importante por varias razones: Primero, porque es una decisión consciente y personal. Él invita a toda la congregación a considerar libre y voluntariamente a quien desean servir. Josué los invita a usar su libre albedrío, ya que no trata de imponer nada. Y segundo, transmite la decisión que había tomado como padre responsable. Renovar su compromiso con el Señor y rechazar toda idolatría. Este, es un líder espiritual, que decidió quemar sus naves antes de volverse cobardemente dejando que “otros” y la cultura imperante, tomaran decisión por él. Josué marcó un camino claro y leal, indicando que todo liderazgo espiritual se inicia en la casa, en el hogar. Hoy, es la oportunidad de hacerlo nosotros. Dar la vida por la familia, llevarlos a la presencia de Dios, no agotar esfuerzos; hasta no verlos que van en pos del Señor.

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor

Amén 🙏🏼