LA HUMILDAD
“¿Tú, ¿quién eres? Confesó, y no negó, sino que confesó: Yo no soy el Cristo.”
Juan 1:19b-20
Ante tamaña pregunta cualquier ser humano, después de un breve silencio, y tratando de responder con un currículum vitae, adoquinado de documentos. Porque, los seres humanos formados en la cultura occidental, somos orgullosos de nuestros logros y de nuestros triunfos, y si no lo tenemos, pues, los inventamos.
Qué distinto fue Juan el Bautista, que a pesar de ser el último profeta del Antiguo Testamento, que atrajo multitudes a Betábara, lugar que se encontraba bautizando a orillas del Río Jordán, que predicó el arrepentimiento, la llegada del reino de Dios, que bautizó nada menos que al Mesías, que hizo los primeros discípulos y se los endosó a Jesús, cuando este, inicio Su ministerio público. Juan el Bautista, no tuvo necesidad de mentir, ni exagerar. Su testimonio fue sencillo y verdadero. Él es, el mejor ejemplo de humildad, por varias razones:
1. ERA UNA ANTORCHA EN LA OSCURIDAD. Nadie mejor para calificarlo que el mismo Señor Jesucristo: “Él era antorcha que ardía y alumbraba;” (Juan 5:35a). No era necesario contar su testimonio, simplemente se veía y asombraba. Aunque era un hombre de ruda apariencia, y no tenía ni autoridad, ni influencia en el sistema político judío; sin embargo, les hablaba con autoridad, los desafiaba a apartarse del pecado y los bautizaba como señal de arrepentimiento.
2. NO HABÍA OTRO MÁS ALTO QUE ÉL. Jesús dijo de él: “De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista;” (Mateo 11:11a). Lo que Jesús señaló de Juan el Bautista fue que nadie había cumplido el propósito dado por Dios mejor que Juan. Así mismo, él cumplió lo que los profetas anteriores a él profetizaron. Supo apartar la honra de sí mismo; honra que los judíos, al contrario, declina de todos ellos ipso facto.
3. ERA UNA VOZ EN EL DESIERTO. No tuvo jamás pretensiones. Cuando se le comparó con el profeta Elías, simplemente contestó: “No soy” (Juan 1:21b). Las preguntas eran insistentes: “¿Pues quién eres?» Y luego «¿Qué dices de ti mismo?» (Juan 1:22), él sencillamente dijo: “Yo soy la voz de uno que clama en el desierto.” (Juan 1:23): En su humildad no se identifica como una persona, sino sencillamente como una voz que clamaba en el desierto. De esta manera enfocaba la atención en el Mesías.
4. EXALTA A CRISTO EN TODO MOMENTO. Cuando los sacerdotes y levitas les preguntaron a Juan el Bautista: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta? (Juan 1:25), él respondió que él bautizaba en agua. Pero había, entre ellos, uno a quien ellos no conocían. Uno que venía después de él, “del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado.” (Juan 1:27b), ese es el que bautiza con el Espíritu Santo. Él jamás buscó su propia honra.
La humildad requiere tener una conciencia clara y real de sus propias y nuestras propias limitaciones, debilidades y fortalezas. Sin considerarse superior a los demás.
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor

Excelente..!
Dios habló y confrontó, mi muchas veces, terco corazón…😢💔
Gracias, gracias, IACYM – Larco; por estos devocionales que nos hacen reflexionar en cómo vamos en nuestra vida espiritual. ✝️💟🛐
Dios bendiga grandemente a todos los pastores. ¡Gracia y paz, hermanos!
Amén 🙏
En este devocional, nos habla de una manera impresionante de como la humildad beneficia para la gloria de DIOS. Juan el Bautista, declara su humildad, no de una forma para ganar reconocimiento, sino una manera, humilde, amable, sencilla, fiel y sobre todo verdadero. Además, esto busca de que, a pesar de nuestros problemas o debilidades, siempre busquemos de DIOS, para que él se encargue. (»Salmos 55:22»).
Finalmente, hay que reconocer nuestras propias limitaciones y virtudes sin sentirnos superiores a los demás. Es vivir con verdad, sin buscar reconocimientos, y siempre exaltando a Dios antes que a nosotros mismos. Juan el Bautista nos deja un gran ejemplo de lo que significa ser humilde de verdad.
Amén