UNA NUEVA OPORTUNIDAD
“Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis”
Marcos 16:7
Es una hermosa historia.
Pedro, como uno de los discípulos más cercanos a Jesús presenciaron de primera mano el poder sobrenatural de su Maestro. Entre los milagros que Pedro pudo presenciar se encuentran la multiplicación de los panes y los peces (Mateo 14:13-21), la caminata de Jesús sobre las aguas (Mateo 14:22-33), la curación de enfermos y poseídos, la resurrección de Lázaro (Juan 11:1-44), entre muchos otros.
Sin embargo, más adelante en la historia, en Lucas 22, vemos a ese mismo Pedro negando a Jesús tres veces. Fue un momento doloroso, marcado por el miedo y la debilidad. Pero gracias a la gracia de Dios, esa no fue la última palabra sobre su vida. Después de la resurrección, Jesús envía un mensaje muy especial:
“Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis” (Marcos 16:7).
¿Por qué mencionar a Pedro por nombre, si ya estaba incluido entre los discípulos? Porque Jesús lo conocía profundamente. Conocía su dolor, su arrepentimiento y su necesidad de restauración. Así como conoció a Pedro, también nos conoce a nosotros, por nombre, con nuestras luchas, fracasos y anhelos.
En aquel momento los discípulos y Pedro se encontraban abatidos, confundidos, temerosos y en aquel mar de Galilea escuchan una voz, era de Jesús. “Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. … Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar. Juan 21:5-7
En este conmovedor encuentro entre Pedro y Jesús, podemos imaginar a Jesús abrazando a Pedro con ternura, expresándole su amor, y preguntándole: “Pedro, ¿me amas?” Tal vez en ese momento, el recuerdo de aquella noche en el patio —cuando lo negó tres veces— volvió con fuerza a la mente de Pedro. Pero las palabras de Jesús no eran de reproche, sino de restauración. Era como si le dijera: «Pedro, nada ha cambiado. Aún te llamo. Aún te amo. Una vez más, te pregunto: ¿me amas?» Así es Dios con nosotros. Se manifiesta de muchas formas, porque somos sus hijos. Y aunque fallemos, su amor permanece fiel. Nada ha cambiado en su corazón hacia ti.
Solo te pide una cosa: arrepiéntete, levántate y sigue adelante. Porque Él es el Dios de la segunda oportunidad, el que restaura y renueva. ¿Necesitas una segunda oportunidad en la vida? Acude hoy a Jesucristo, el único que ofrece perdón y un nuevo comienzo.
Como a Pedro, te hace la misma pregunta: “¿Me amas?” Que tu respuesta sea clara y firme: “Sí, Señor, tú sabes que te amo”.
Avancemos con fe

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente
