UNA CARTA DESDE KURDISTAN: Bendecidos para Bendecir
A todos nos alegra recibir cartas, especialmente cuando vienen de personas que amamos. Hoy queremos compartir contigo una carta muy especial de nuestros queridos misioneros, escrita desde el corazón del Medio Oriente. Tómate un momento, abre tu corazón, y déjate llevar por esta historia que, aunque comenzó en Perú, hoy resuena entre las montañas del Kurdistán.
“Dios tenga piedad de nosotros y nos bendiga, Y haga resplandecer Su rostro sobre nosotros, Para que sea conocido en la tierra Tu camino, Entre todas las naciones Tu salvación.” Salmo 67:1-2
«Alabo a Dios porque mi familia no estaría en Kurdistán si no hubiéramos conocido al Dios que bendice. Recuerdo que, hace unos años, en un restaurante local, un camarero me preguntó de dónde era. Cuando le dije que era de Perú, respondió: ‘Sí, conozco Perú’. Me sorprendió, porque casi nadie aquí en Irak conoce mi país. A menudo lo confunden con Beirut, la capital del Líbano, y a veces incluso tengo que explicar que está junto a Brasil. Entonces, sentí curiosidad y le pregunté en qué continente estaba Perú, a lo que respondió: ‘En África’.»
Es evidente que Perú no es muy conocido aquí, y esto puede llevarnos a preguntarnos: ¿por qué una familia peruana está en un país tan lejano, a más de 15 mil kilómetros de distancia, y que generalmente implica un viaje de tres días con todas las escalas? ¿Cuál es la razón por la que estamos aquí, en Kurdistán?
La verdad es que la razón no es muy diferente del deseo de muchos cristianos en todo el mundo. La razón es ser obedientes a Dios, quien nos ha ordenado predicar el evangelio de Jesús a todas las naciones. Y como latinos, que en el pasado éramos principalmente un campo misionero, ahora somos una fuerza misionera. Esa es mi oración: movilizar a más latinos al Medio Oriente y a otros lugares. Considero que esa es parte de la razón por la que estamos aquí: ser un canal de bendición para las naciones y un puente para otros que vendrán. Creo que ese debería ser nuestro deseo común como creyentes, porque nuestro anhelo no debería ser solo ver a nuestra nación bendecida por Dios, sino ver a todas las naciones bendecidas por Dios.
Si somos conscientes de lo bendecidos que somos por Dios en Jesús, nos sentiremos responsables de cumplir la Gran Comisión en todas las naciones (Mateo 28:19-20). Como denominación, estamos cumpliendo 100 años de existencia en nuestra amada nación de Perú, y damos gloria a Dios por ello. Sin embargo, en lugares como donde me encuentro ahora, recién el año pasado — después de muchos años de intentos fallidos— se plantó la primera iglesia entre el pueblo kurdo, en la ciudad de Erbil. El desbalance es evidente. Y aunque aún hay mucho trabajo por hacer en nuestra nación, no hay duda de que Dios nos ha bendecido con muchos recursos para ser parte de su obra redentora en todo el mundo.
Si bien es cierto que tenemos una responsabilidad como iglesia, también la tenemos de manera personal como cristianos. Por eso surge la pregunta: ¿Qué estás haciendo tú, de manera personal, para cumplir la Gran Comisión desde tu iglesia local? Nota que la pregunta no es: ¿Qué está haciendo tu iglesia local? La pregunta es: ¿Qué estás haciendo tú, de manera personal?
¿Por qué no tomas un tiempo hoy para orar y preguntarle al Señor cómo puedes participar activamente en la obra misionera y ser de bendición para todas las naciones?

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente
