LA CRUCIFIXIÓN QUE NOS DA VIDA
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”
Gálatas 2:20
El día hoy se conoce como Viernes Santo, un día donde recordamos la obra de Jesús el Hijo de Dios a favor de toda la humanidad. Te invito a reflexionar como el apóstol Pablo entendió la obra de la cruz y como también nosotros debemos entenderla.
Cuando Pablo dice “con Cristo estoy juntamente crucificado”, está diciendo: yo también morí en esa cruz. No físicamente; claro, pero sí, el pecado en su vida. Esa expresión significa que todo lo viejo en mí, mi ego, mi orgullo, mis pecados y mis deseos desordenados fueron llevados con Cristo al madero. Este día es un día para recordar que el sacrifico de Jesús fue también mi liberación.
Piensa en un prisionero condenado que está por recibir su sentencia final. De repente, alguien inocente entra y toma su lugar. La celda se abre, el prisionero es libre, y el inocente es castigado.
Eso hizo Jesús por ti. Él no solo pagó tu culpa, te hizo libre para que vivas como alguien completamente nuevo.
Pablo sigue diciendo: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. Esto no significa que uno pierde su personalidad, sino que ahora es Cristo quien gobierna en nuestro corazón, es decir: ya no decido por mis impulsos, ya no camino según mis emociones, ya no me guío por lo que la cultura dicta… ahora Cristo vive en mí y eso debe ser visible.
¿Vive Cristo en ti realmente? ¿Tus decisiones reflejan a alguien que ha sido crucificado con Él?
Ya no puedes seguir viviendo como antes, como si nada hubiera cambiado. La obra de Jesús en la cruz lo cambia todo.
- Cambia tus relaciones
- Cambia tu forma de pensar
- Cambia tus prioridades
- Cambia tu visión del mundo
Recuerda, la fe no es solo algo que creemos, sino es algo que vivimos y la vivimos en Cristo.
Pablo dice: “el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”, este es el motor del evangelio. No es la culpa lo que nos debe mover, ni la religión, ni el deber, es el amor de Cristo, un amor que no fue solo con palabras, sino con hechos, un amor tan profundo que eligió la cruz, un amor que no merecíamos, pero que nos alcanzó.
Y si Jesús lo dio todo por ti, murió por ti, ¿cómo no vas a vivir para Él?
Hoy no basta con recordar la cruz… hay que responder a ella.
- ¿Qué parte de tu vida necesita ser crucificada con Cristo?
- ¿Qué cosas aún gobiernan tu corazón que no reflejan Su vida en ti?
- ¿Estás viviendo por el poder de Su amor o en tus propias fuerzas?
Hoy puedes decir como Pablo: «Ya no vivo yo… vive Cristo en mí.» Y eso no es esclavitud, eso es libertad, libertad para amar, perdonar, servir, avanzar y vivir con propósito.

Alex Plasencia
Pastor Asistente
