JESÚS ENSEÑA EL VERDADERO SIGNIFICADO DE JURAR
“Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede”
Mateo 5:33-37
El Señor Jesús dijo: “No juréis en ninguna manera” (v.34) estaba ampliando la ley que regía los juramentos, de modo de incluir todo tipo de juramento y blasfemia (Mt. 5:37; Sgto. 5:12). Toda conversación debía ir al grano y no estar repleta de juramentos. La persona debe ser íntegra y su única garantía es su palabra y carácter.
1. EL JURAMENTO (v. 33)
Jesús dijo: “no juréis en ninguna manera” que la palabra de una persona debe ser tan confiable que jamás necesite de un juramento; su carácter debe ser su garantía. Pero los hombres mundanos son malos, tan desconfiables en sus tratos que necesitan de juramentos. Dios por varios motivos dio esta ley a los hombres:
- Evitar que lo deshonre invocando falsamente en su nombre y blasfemándolo. Así como hacer un voto falso contra Él, usando en vano Su nombre (Nm. 30:2; Dt. 23:21; Ec. 5:4).
- Evitar que el hombre conjure en contra de sí mismo haciéndose mentiroso, injusto e inestable.
- Evitar que el hombre trate injustamente a otros.
- Evitar que mientan y luego jurar que se dice la verdad. Esto es conjuro.
1.1 Las Escrituras dicen que es mejor no hacer votos, que hacerlos y no cumplir (Ec. 5:4-5), ya que el voto convierte a la persona en deudor:
- Un voto hecho a Dios, lo convierte en deudor, Romper un voto es un acto de mentira a Dios (Hch. 5:4).
- Un voto hecho al hombre también lo convierte en deudor; romper el voto es un acto de injusticia hacia el hombre.
2. ORDENANZA DE JESÚS: EL PORQUÉ NO SE DEBE JURAR (vv. 34-36)
No jures, porque todas las cosas son sagradas.
- El cielo es el trono de Dios; el lugar donde se manifiesta Su gloria (Is. 66:1). Jurar por el cielo o maldecir el cielo es jurar por Dios y maldecirlo.
- La tierra es el estrado de los pies de Dios; el lugar donde gobierna y al que cuida (Is. 66:1; Sal. 24:1). Jurar o maldecir la tierra es jurar y maldecir a Dios.
- Jerusalén es la ciudad del gran Rey (Sal 48:2, 46:4). Él tiene cuidado de Jerusalén; en cierto sentido, tiene cuidado de cómo tratan y se habla de una ciudad de toda la tierra.
- No jures porque el poder pertenece a Dios; nadie tiene poder alguno para hacer algo. Nadie puede cambiar el color de un solo cabello; no puede cambiar su estatura.
REFLEXIÓN
El hombre debe tener reverencia a Dios, ya que todo el poder pertenece a Él, pero generalmente se maldice a Dios y a las cosas que ha creado. Esto dice mucho acerca de la naturaleza depravada del hombre. Maldecir a Dios es un pecado terrible. En Ex. 20:7, se pronuncia un juicio especial sobre quien maldice. Maldecir carece de sentido, de razón y es irreverente. El maldecir no puede ser escondido: es dicho y oído. Este pecado demuestra: un corazón desdichado, un espíritu descortés y egoísta, una mente negligente, una enemistad hacia Dios, un vocabulario inapropiado.
3. EL RESPALDO DE LA VERDAD DEL CREYENTE (v. 37)
Jesús concluye su enseñanza sobre los juramentos haciendo alusión a la firmeza que debe tener la palabra de un creyente, ya que solo habla la verdad. Su palabra se respalda por el cumplimiento de lo que afirma o de lo que niega, de ahí que Jesús diga que el modo de hablar de los hijos del reino de los cielos sea “sí” cuando dicen “sí” y “no” cuando dicen “no”. Es suficiente garantía. La gente que observa el cumplimiento fiel de la palabra dada, no necesita confirmarla con un juramento porque es lo dicho por el creyente.
No debe haber en las palabras del creyente una doble intención, que es una forma de mentir. La palabra mentirosa proviene de Satanás, en la primera tentación llamó mentiroso a Dios afirmando que lo que el Creador decía no era verdad (Gn. 3:4).
REFLEXIÓN
Dos cosas podemos deducir en esta última porción bíblica:
- El hombre tiene que jurar porque el mundo es malo.
- El hombre jura porque él es malo.
La necesidad de los juramentos y la necesidad del hombre de jurar la verdad, son evidencias de la “depravación del hombre”.
Destruyendo barreras
Destruyendo barreras

José Cabanillas
Pastor Asistente
