QUE NUESTRA VIDA HABLE DE CRISTO
«Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.»
Mateo 5:16
Jesús dijo que nuestra luz debía alumbrar delante de los hombres, no para que las personas nos admiren a nosotros, sino para que glorifiquen al Padre celestial. Y esa luz no se refleja únicamente cuando hablamos de Cristo, sino, sobre todo, en la manera en que vivimos. Antes de escuchar nuestras palabras, las personas observan nuestro carácter.
Debemos tener presente que nuestra primera predicación no comienza en un púlpito, sino en nuestra vida diaria, es decir, comienza en casa, en la manera en que tratamos a nuestra familia; continúa en el trabajo o donde nos desarrollemos; y se refleja en nuestras palabras y nuestras acciones.
El Señor nos llama a vivir una vida sincera y coherente. Por eso, cuando fallamos, reconocemos nuestro pecado y pedimos perdón; cuando tropezamos, nos arrepentimos y nos levantamos tomados de Su gracia; y cuando atravesamos pruebas, seguimos confiando en Su fidelidad. Esa también es una manera de anunciar el evangelio, porque el mundo no solo ve cómo vivimos, sino también cómo dependemos de Dios en cada circunstancia.
Reflexionemos:
- ¿Qué está diciendo mi manera de vivir acerca de Cristo?
- ¿Mi familia puede ver a Jesús reflejado en mi carácter?
- ¿Las personas que me rodean encuentran en mi un testimonio que las acerque a Dios?
El ser cristiano, va más allá del nombre, significa vivir de tal manera que otros puedan ver a Cristo en nosotros.
“El mejor sermón que muchas personas escucharán esta semana,
será la forma en que vivimos”.
Alonso Pinedo
