CUANDO EL CORAZÓN ESTÁ LASTIMADO
“Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu.” Salmo 34:18
Hay heridas que no se ven, pero que siguen doliendo. Una palabra que nunca olvidamos, un rechazo, una pérdida, una decepción, el abandono, una relación rota o una injusticia pueden dejar marcas profundas en nuestro corazón. Seguimos adelante, cumplimos nuestras responsabilidades, servimos a Dios y hasta podemos sonreír, pero dentro de nosotros permanece un dolor que todavía necesita ser sanado.
La Escritura reconoce esta realidad: “por el dolor del corazón el espíritu se abate” (Proverbios 15:13). Una herida emocional no atendida puede afectar nuestra manera de pensar, de confiar y de relacionarnos. Incluso puede hacernos interpretar a Dios desde nuestras experiencias dolorosas.
Pensemos en Saúl. Detrás de su apariencia de rey fuerte había un hombre profundamente inseguro. Se sentía pequeño en sus propios ojos y necesitaba constantemente la aprobación de los demás. Cuando David comenzó a recibir reconocimiento, Saúl no pudo alegrarse por él; lo percibió como una amenaza. El temor, los celos y la necesidad de aprobación fueron creciendo hasta dominar sus decisiones.
Su dolor interior no resuelto produjo independencia de Dios, orgullo, temor al hombre y finalmente desobediencia. El problema de Saúl no comenzó solamente con sus acciones; había un corazón que no había aprendido a encontrar su seguridad en Dios. Cuando una herida permanece abierta, podemos comenzar a protegernos de maneras equivocadas: aislándonos, desconfiando, controlando, criticando o reaccionando con dureza.
Pero Dios no abandona al corazón herido. “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón”. La sanidad comienza cuando dejamos de esconder aquello que nos duele y lo colocamos delante de nuestro Padre.
¿Cómo comenzar a sanar un corazón lastimado?
1. Reconoce tu herida.
No puedes entregar a Dios aquello que te niegas a reconocer. Sé honesto con Él. Dile dónde duele, qué sucedió y cómo te ha afectado. Dios no se asusta de tus lágrimas ni de tus preguntas.
2. Permite que Dios entre en tu dolor.
Jesús conoce el sufrimiento. Él fue rechazado, incomprendido, abandonado y herido. Por eso podemos acercarnos a Él con confianza. No tenemos un Salvador distante, sino uno que comprende nuestras debilidades.
3. Perdona a quien te hizo daño.
Perdonar no significa justificar lo ocurrido ni negar la gravedad de la herida. Significa dejar de permitir que la ofensa siga gobernando tu corazón y entregarle a Dios el derecho de hacer justicia.
4. Renuncia a vivir desde la herida.
Tu dolor explica muchas cosas, pero no tiene que determinar quién serás. No podemos cambiar el pasado pero si podemos construir un futuro diferente.
5. Aprende a recibir el amor del Padre.
Dios quiere que vuelvas a confiar en Él. Su amor no depende de tu desempeño ni de la aprobación de las personas. Él permanece cerca cuando otros se alejan.
Tal vez hoy tu corazón está lastimado. No necesitas esconderlo delante de Dios. El lugar de la herida puede convertirse en el lugar donde experimentes más profundamente Su presencia.
El Señor no solamente quiere que sobrevivas al dolor; quiere llevarte por un camino de restauración. Él puede transformar la amargura en perdón, la desconfianza en fe y el quebranto en una nueva dependencia de Él.
Avancemos con fe

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente
