EL DISCIPULADO 2
“…aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo.” (Marcos 4:34a)
Estamos muy acostumbrados en pensar que, aquel creyente que asiste regularmente a la iglesia, tiene una biblia y se matricula en algún curso de Academia Bíblica, ya es un discípulo del Señor; y de esa manera nos engañamos, porque lo que acabo de decir no son características de un discípulo. Serán características de un “asistente” a la iglesia, pero no de un discípulo.
Un discípulo, es aquel que escucha a su Señor, sigue a Su señor, aprende de Su Señor (como lo dijimos el domingo pasado). Aún todavía hay algunas características de un discípulo, que ahora lo vamos a ver no solo para conocerlo; sino para, comprobar si lo tenemos en nuestra vida o nos hace falta. Veamos algunas características más.
1. EL DISCÍPULO GENERA CONFIANZA EN SU MAESTRO. En el versículo que encabeza este devocional dice: “Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo.” (Marcos 4:34), en aquel momento Jesús había hablado a una gran multitud y lo hizo por parábolas, dejando a muchos de ellos perplejos, para no tener que ponerlos en compromiso de decir livianamente sí o no. En cambio a sus discípulos les decía todo claramente, porque ellos generaron confianza en Su maestro, no les ocultaba nada, ya que estaban en plena etapa formativa. Y le escuchaban atentamente, le seguían voluntariamente y aprendían vorazmente.
2. EL DISCÍPULO OBEDECE A SU MAESTRO. Jesús supo desarrollar amistad. Y lo hizo de manera particular con sus discípulos. De allí que, hizo una declaración a quienes consideraba amigos, diciéndoles: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.” (Juan 15:14). La obediencia del discípulo hacia su Señor no tiene ni condiciones, ni límites: Se da de manera total, libre y absoluta; ya que está aprendiendo de Su señor por lo tanto la obediencia es clave en el desarrollo del discipulado, donde el modelo de aprendizaje es el Maestro.
3. EL DISCÍPULO ESTÁ CONVENCIDO DE SEGUIR A SU MAESTRO. Jesús venía hablando de la realidad inminente de ir a la cruz para dar Su vida en rescate de la humanidad perdida; sin embargo, muchos no lo entendieron. Esto dio origen a que muchos de los supuestos “discípulos” dejaran de seguirle, pues no entendían lo de su muerte en la cruz. Jesús se dirigió al grupo de los doce y les dijo: “¿Queréis acaso iros también vosotros?” (Juan 6:67b), a lo que Pedro respondió con esas memorables palabras, que muestran su total convicción de seguir a Su maestro: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:68).
Estas tres características nos podrán ayudar a contrastar nuestro discipulado. Si es auténtico o no; y si estamos formando discípulos que respondan a estas cualidades.
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor

Amén