EL CONTRADICTORIO COMPORTAMIENTO DE LAS MULTITUDES
“Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!»
Mateo 21:9
Bueno sería leer por lo menos (Mateo 21:1-11). Era la última semana de Su agitado, pero bendecido ministerio. Era la última semana de Su vida sobre esta tierra. Su edad era escasamente 33 años. Pero a la vez el tiempo suficiente para que la gente disfrutara de Su amor y Su paciencia. Para generar preocupación en las autoridades de Su tiempo. Para atraer a las multitudes alrededor de Su persona. Su impacto fue tal, que arrancó una expresión de odio y rencor de la boca de los fariseos «Mirad el mundo se va tras él.» (Juan 12:19)
Esa última semana, decidió vivirlo en Jerusalén. Todo el mundo estaría atento y nadie podía ignorar Su llegada. Pues esta coincidía con la celebración de la Pascua, la fiesta más importante de la vida y la historia del pueblo judío, en la cual se recordaba el sacrificio del cordero, y cuya sangre untada en los dinteles de las puertas de las familias judías les protegía de la muerte y les otorgaba salvación y liberación de la esclavitud egipcia.
LA BIENVENIDA AL REY. Jerusalén, por aquellos días, estaba abarrotada de gente; no menos de 2 millones de personas inundaban la capital para celebrar la Pascua. Nadie pudo ignorar que aquel domingo, primer día de la semana, Jesús decidió entrar, pero, a diferencia de otras veces, lo haría esta vez rodeado de sus discípulos, sentado sobre un pollino, hijo de asna; en medio de una «Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!« (Mateo 21:8-9).
Era una multitud delirante, que desbordaba en sus emociones. Le aclamaban frenéticamente como Rey y gritaban: ¡Hosanna! ¿Qué quiere decir? Sálvanos ahora, te rogamos. Cantaron «Bendito el que viene en el nombre del Señor» (Salmos 118:26). Pareciera que estaban convencidos de que Jesús era El Salvador del mundo, que era el Rey mesiánico prometido a David.
EL RECHAZO DEL REY. Más tarde esa misma multitud o parte de ella hizo esta pregunta: «¿Quién es este?» (Mateo 22:10b). Por la intencionalidad de la pregunta, esa multitud se dio cuenta de que Jesús no era el tipo de rey que ellos estaban esperando. Ellos querían un líder político que librara a Israel del yugo opresor romano y les devolviera el esplendor del reino de la época de David y Salomón. Se dieron cuenta de que Jesús no vino a dominar, sino a morir. Y dar su vida por los pecados de todos los hombres y a resolver la incapacidad que todo hombre tiene para arreglar Sus cuentas con Dios.
¿Qué clase de Mesías tú esperas, uno que sirva a tus propósitos e intereses? ¿O uno que murió en reemplazo tuyo? ¿A qué clase de Cristo tú sigues y alabas? ¿A Uno que dio Su vida en rescate por muchos? ¿O a uno que alabas el domingo y del cual te deshaces el resto de la semana? Recuerda el contradictorio comportamiento de las multitudes de la época de Jesús. Inclinaban Su consciencia y Su determinación a donde más les convenía. Las multitudes no han cambiado con tiempo. Ahora son peores. Le han dado la espalda al Rey y soberano Señor Jesucristo y lo rechazan con ímpetu nunca antes visto. Si tú eres verdaderamente creyente, ámale a Cristo y da testimonio de él, adórale a pesar de lo que el mundo diga y sírvele con corazón íntegro.
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
