¿CUÁL ES TU EXCUSA?
«Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse.«
Lucas 14:17-18
En este pasaje, Jesús comienza describiendo la preparación de una gran cena. El hombre que organizó la cena invita a muchos a asistir y envía a su siervo a recordarles que vengan a la cena, ya que todo está listo. Aquí es donde la parábola comienza a transmitir su mensaje principal: “Los invitados empiezan a dar excusas para no asistir a la cena”
La excusa se ha convertido en uno de los vicios más grandes que podemos ver en el mundo de hoy. La excusa está muy asociada a la mentira y al engaño, y por ende, al pecado. ¿Cuántas personas hoy en día acuden a la excusa para huir de los compromisos y responsabilidades? La excusa la usamos para huir de los problemas, para huir de las responsabilidades, para quedar bien con las personas, ya que en vez de negarnos a un compromiso, podemos disfrazarlo con una excusa para no herir a la otra persona; o sea, en vez de decir no, nos escudamos bajo una excusa.
Las excusas muestran falta de interés por algo o por alguien, muestran falta de humildad porque muchos errores de los que cometemos también los queremos disfrazar con una excusa para no dar la cara y afrontar las consecuencias de nuestras malas acciones.
Cada excusa que le ponemos a Dios revela cuán duro está nuestro corazón y hasta dónde llega nuestro amor por él. Y en esta parábola los invitados comienzan a dar excusas para no asistir a la cena:
- Excusa relacionada con los bienes materiales: «No puedo asistir a la cena porque acabo de comprar una nueva casa y necesito ir a verla y ocuparme de los detalles».
- Excusa relacionada con el trabajo: «Tengo que probar y poner en funcionamiento mis nuevos equipos de trabajo, por lo que no puedo asistir a la cena en este momento».
- Excusa relacionada con los compromisos personales: «Acabo de casarme y tengo muchos preparativos y eventos relacionados con mi matrimonio, así que no podré asistir a la cena».
- Excusa relacionada con las responsabilidades familiares: «Tengo que cuidar a mis hijos y atender las necesidades de mi familia, así que no puedo dejarlos solos para ir a la cena».
- Excusa relacionada con las ocupaciones diarias: «Mi agenda está llena de tareas y compromisos, no tengo tiempo para asistir a una cena en este momento».
Estamos tan acostumbrados a ponerles excusas a las personas, que hasta a Dios mismo queremos engañarlo, sabiendo que Dios conoce toda nuestra agenda y las intenciones de nuestro corazón, y que jamás podremos burlarnos de él.
Cada vez que le ponemos una excusa a Dios, le estamos diciendo: «Tú no eres importante para mí». Y hemos pasado toda nuestra vida poniendo excusas a Dios, a sus planes, a sus propósitos; ponemos una excusa para no ir a la iglesia, para no servir en la iglesia, para no dar y no comprometernos en la iglesia, y así hemos pasado toda nuestra vida, y mientras más excusas le ponemos a Dios, más nos alejamos de la salvación y más miserable se vuelve nuestra vida.
A estas personas que se excusaron en la parábola de la gran cena, Jesús les dijo: Estos no gustarán de mi cena. Esto significa que Dios tiene algo grande preparado para nosotros cuando decidimos servirle a él, que hay recompensa para todo aquel que tiene hambre por hacer su voluntad; por lo tanto, cuando pasamos nuestra vida huyéndole al llamado de Dios, en el juicio final, tampoco gozaremos del cielo ni de su salvación.
A manera de reflexión, ¿Qué excusas estas poniendo delante del Señor para tomar un compromiso serio en obedecer a Su llamado?
Avancemos con fe.

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente
