¡LANZA LA RED!
«Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.«
Mateo 4:19
La iglesia de Cristo ha sido encomendada a predicar el evangelio. Él mismo lo ha establecido, y por su gracia seremos testigos de la extensión de su reino: «pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos… hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). Cuando caminamos fielmente tras Él, nuestro servicio no es en vano: el Señor mismo atrae a otros hacia su corazón. Esta es una promesa que llena de esperanza al pueblo de Dios. Anhelamos, con gozo y oración, ver a muchos rendir su vida a Jesucristo —aquí, en nuestra ciudad, y hasta los confines del mundo.
Cuando Jesús dice: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”, está usando una analogía (metáfora). Toma una actividad que los discípulos conocían muy bien —la pesca— y la usa para explicar su nueva misión espiritual. Así como antes recogían peces del mar, ahora serían usados por Él para atraer personas al reino de Dios mediante la predicación del evangelio.
Algunas reflexiones que sugiere la analogía de la pesca de Jesús:
- EXISTEN BUENOS PESCADORES, PERO TODOS PODEMOS PESCAR
Existen pescadores especialmente hábiles, personas a quienes Dios ha concedido un don particular para el evangelismo. Sin embargo, el llamado de Cristo no es exclusivo para unos pocos expertos. Así como en la pesca cualquiera puede aprender a lanzar la red, en la obra del evangelio todo creyente puede participar.
El Señor no nos pide perfección, sino disposición. Algunos verán muchos frutos visibles; otros sembrarán en silencio y con fidelidad. Pero todos tenemos el privilegio y la responsabilidad de compartir a Cristo con amor, sencillez y perseverancia.
- LA IGLESIA ES UN BOTE DE PESCA, NO UN CRUCERO DE DIVERSIÓN
Un crucero de diversión navega cerca de la orilla, prioriza la seguridad y el confort. Pero el bote de pesca se adentra en aguas profundas, asume riesgos y trabaja con propósito. De la misma manera, la iglesia es llamada a mirar hacia afuera, a salir con valentía y amor al encuentro de las personas que necesitan el evangelio.
Cuando recordamos esto, nuestro enfoque cambia: dejamos de preguntar “¿qué me ofrece la iglesia?” y empezamos a orar “Señor, ¿a quién quieres alcanzar a través de nosotros?”. Porque la alegría más grande de la iglesia no está en su comodidad, sino en ver vidas rescatadas por la gracia de Cristo.
- HAY GRAN ALEGRÍA CUANDO CAPTURAS PECES
Recuerdo haber capturado un pez. Era muy pequeño, casi insignificante a los ojos de otros, pero en mi corazón había una gran alegría por haberlo logrado. No importaba el tamaño del pez; lo que llenaba de gozo era la experiencia de haber pescado.
Así también ocurre en la obra del Señor. A veces pensamos que solo los “grandes resultados” cuentan, pero en el reino de Dios cada vida es preciosa. El gozo no está en cuán grande parece la pesca, sino en ser instrumentos obedientes en las manos de Cristo.
Cuando uno decide obedecer al Señor, aunque tu pesca parezca pequeña, el cielo se regocija. Y nosotros también podemos alegrarnos, porque la verdadera satisfacción no está en la magnitud del fruto, sino en la fidelidad de haber seguido al Maestro y lanzado la red.
Avancemos con fe

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente
