LA CARRERA CONTINÚA… más cerca de la gloria
«No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.«
Filipenses 3:12-14
Al cerrar un año, es casi inevitable mirar atrás. Evaluamos decisiones, recordamos momentos de gozo y también cargas que aún pesan en el corazón. Sin embargo, el apóstol Pablo nos invita a algo más profundo que un simple balance: nos llama a vivir con una perspectiva eterna. Para él, la vida cristiana no es un trofeo ya obtenido, sino una carrera en curso. Y al llegar al final de este año, podemos decir con esperanza que, por la gracia de Dios, seguimos corriendo y estamos más cerca de la gloria.
1. Alcanzar el premio requiere una conciencia sincera (Fil. 3: 12a). Pablo comienza con una confesión humilde: “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto”. Lejos de desanimarnos, esta honestidad nos libra del orgullo y de la complacencia espiritual. Reconocer que aún no somos lo que deberíamos ser es señal de verdadera madurez. La santificación es perfecta en Cristo, pero progresiva en nosotros. Al cerrar el año, una conciencia sincera nos permite reconocer nuestras debilidades sin perder de vista la gracia que nos sostiene.
2. Alcanzar el premio requiere un esfuerzo máximo (Fil. 3:12b). Pablo afirma: “sino que prosigo”. La vida cristiana no es pasiva ni automática. Aunque dependemos completamente del poder de Dios, somos llamados a perseverar con diligencia. Prosiguiendo, el creyente ejercita cada “músculo espiritual”, avanzando aun cuando el camino es cuesta arriba. La gracia no elimina el esfuerzo; lo dirige y lo fortalece.
3. Alcanzar el premio requiere una concentración absoluta (Fil. 3:13). “Una cosa hago”, dice Pablo. La carrera espiritual exige enfoque. Mirar constantemente hacia atrás —ya sea para aferrarnos a victorias pasadas o para quedarnos atrapados en fracasos— nos debilita. Pablo nos enseña a soltar el pasado y a extendernos hacia lo que está delante. Al terminar el año, somos llamados a dejar aquello que nos distrae y a fijar nuestra mirada en Cristo con renovada determinación.
4. Alcanzar el premio requiere una motivación apropiada (Fil. 3:14). Pablo corre “al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. No persigue reconocimiento humano ni perfección terrenal, sino la esperanza gloriosa de ser semejante a Cristo. Esa motivación sostiene la perseverancia cuando las fuerzas flaquean y el camino se hace largo.
Hoy no celebramos que ya hemos llegado, sino que seguimos en la carrera. La gracia nos alcanzó, nos sostiene y nos impulsa hacia adelante. La carrera continúa… y estamos, sin duda, más cerca de la gloria.
Avancemos con fe
¡Feliz Año 2026! Les desean Juan Carlos, Laura y Matthías.

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente
