CUANDO NUESTRA FE CRECE, LA ANSIEDAD DISMINUYE
“Cuando en mí la angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría” Salmo 94:19
Me bendice tanto saber que cuando voy a la palabra puedo encontrar respuestas a cada situación, a cada problema o a todo aquello que inquieta mi corazón.
En este devocional quiero hablar acerca de un tema que hoy en día vivimos muchas personas, incluidos los creyentes: la ansiedad.
Este hermoso Salmo expresa una verdad que es profunda pero que también conforta nuestro corazón y es el hecho de saber que, en medio de la angustia, cuando los pensamientos nos agobian y la ansiedad parece no acabar, el consuelo de Dios no solo calma, sino que alegra el alma, alegra el corazón.
Aquí el salmista habla de una “multitud de pensamientos” que lo inquietan, pensamientos ansiosos, confusos, incluso dolorosos. Pero en esa marea mental, el consuelo de Dios, su presencia, sus promesas y su amor, actúan como un bálsamo que transforma la angustia en gozo.
Estudiando un poco, se dice que la palabra hebrea usada para “pensamientos” implica ideas ansiosas, confusas y persistentes, que nos perturban y que solemos guardar en silencio. No se trata de una crisis puntual, sino de una “multitud” de pensamientos que nos visitan en momentos de soledad, duda o dolor. Estos pensamientos pueden incluir temores existenciales dónde vienes algunas preguntas como: ¿Y si Dios no está? ¿Y si la vida no tiene propósito? Son preguntas que nos sacuden, pero que también nos invitan a buscar respuestas más profundas.
Mis hermanos, Jesús es el remedio para la ansiedad. El enemigo siembra la duda, pero Cristo ofrece consuelo, dirección y paz. Es por eso por lo que no debemos permitir que la ansiedad gobierne nuestro corazón. En lugar de eso, debemos sumergir nuestras vidas, nuestra mente en la Palabra de Dios, es allí donde encontraremos las promesas que disipan el miedo y renuevan la esperanza.
Recordemos lo que dice Filipenses 4:7. “La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”
Cuando meditamos en sus verdades, el temor pierde fuerza. No se trata de ignorar los problemas, sino de enfrentarlos con la certeza de que no estamos solo, de que uno mayor está con nosotros, de que hay alguien que desea llenar nuestra mente de Su paz y Su verdad. Recordemos que la fe viene por el oír de la Palabra de Dios. Cuando nuestra fe crece, la ansiedad disminuye.

José Miguel Olave
Pastor de Adoración y Artes
