LA SABIDURÍA Y LA CONDUCTA
“¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.«
Santiago 3:13
Casi todos, si no todos, los que antes de ser cristianos tuvimos una conducta reprobable, un lenguaje áspero, vulgar y chabacano. Aduciendo que se debía a la falta de instrucción, de roce social; pero nada de eso era verdad. La buena conducta se forja por el camino de la sabiduría.
Es precisamente una mente tamizada por la sabiduría que determina el tipo de palabras que aparecen en la boca. De allí que, muchos creyentes al convertirse a Cristo, sin proponerse a cambiar de lenguaje, generan un nuevo tipo de expresión, de conducta y forma y manera de hablar y actuar. El apóstol Santiago, nos enseña ese camino del cual todos deberíamos anhelar: Una conducta coherente con el llamado a ser discípulos de Cristo Jesús.
1. UNA PREGUNTA CONFRONTATIVA. El apóstol Santiago, nos plantea una pregunta que prácticamente nos deja a todos mal parados: “¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? «(Santiago 3:13a). La respuesta correcta y honesta sería: ninguno, porque la sabiduría no es algo que uno dice tener, sino aquella que se muestra en la vida por el buen comportamiento. La sabiduría no se evidencia por los títulos, las experiencias ganadas en la vida; sino, por los frutos de un carácter que se va mostrando en el diario vivir.
2. LA EVIDENCIA ES LA CONDUCTA. No habrá mejor presentación de una persona que su conducta, pues ella evidencia si es sabia o no. Por eso, Santiago dice: “¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras…” (Santiago 3:13b). Para Santiago, quien transmite la voluntad de Dios, no hay mayor evidencia de una sabiduría y de una sana conducta que, el comportamiento de una persona. El mejor lugar para examinar estos criterios y conceptos es el hogar. Allí los seres humanos nos mostramos tal cual somos. Allí nos comportamos en blanco y negro, sin reservas y sin miramiento alguno.
3. EL RESULTADO QUE CALIFICA. La sabiduría se muestra a través de la mansedumbre, la docilidad, la sumisión. Muchos equivocados piensan que los grandes discursos, las poses ensayadas y las palabras rebuscadas; son muestras de sabiduría entre los hombres. Nada más falso que pensar de ese modo. La sabiduría verdadera jamás es arrogante, altiva o pretenciosa. El mejor ejemplo de sabiduría es nuestro amado Rey y Señor Jesucristo, de quien (Mateo 11:29a), dice: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón…” Él era, es y será la sabiduría encarnada. Y cualquier comportamiento semejante al de nuestro Señor y Maestro, estará mostrando la sabiduría mediante su conducta. ¡Examínalo!
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
