APROBACIÓN CELESTIAL
Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; … Mateo 25:23
La palabra «bien» en griego significa «bien hecho». Más que una expresión amable o cortés, encierra una declaración profunda de aprobación, satisfacción y gozo. Es como si el corazón del Señor se llenara de alegría al ver a un hijo suyo que vivió con fidelidad, integridad y entrega. En un mundo que premia lo grandioso y visible, el Señor celebra lo que muchas veces nadie ve: la obediencia constante y el servicio fiel.
Cuando Jesús dice “bien, buen siervo y fiel”, no lo hace por una gran hazaña espectacular, sino porque ese siervo fue responsable con lo poco que se le confió. Lo que el Señor premia es la fidelidad con la que administramos lo que nos dio.
Pero este elogio no será para todos. El contraste en esta parábola es claro y serio. No todos escucharán “bien hecho”. Algunos, lamentablemente, llegarán al final con las manos vacías, no porque fallaron en un intento grande, sino porque simplemente no hicieron nada con lo que Dios les confió. Enterraron sus dones, ignoraron su llamado o prefirieron vivir para sí mismos. Y para ellos, en lugar de gozo, habrá tristeza y lamento. No habrá recompensa, sino pérdida. El corazón del Señor también se duele cuando ve que se menosprecia Su gracia y la oportunidad de servirle.
Debemos tener profundamente encarnada esta verdad: «Dios me salvó por pura gracia, y por esa misma gracia, le sirvo.»
No sirves para ganar Su amor, sino porque ya lo recibiste.
No sirves para pagarle, sino porque Él pagó por ti.
El servicio cristiano no nace de la obligación, sino del agradecimiento profundo por lo que Cristo ya hizo en la cruz.
Este versículo nos confronta con una verdad poderosa: Dios nos ha confiado algo a cada uno. Tal vez lo que Él puso en tus manos no parezca grande a los ojos del mundo. Tal vez no tienes un ministerio visible o una posición de liderazgo, pero si lo que haces lo haces con fidelidad y para Su gloria, el Señor lo ve. Nada pasa desapercibido ante sus ojos.
Al final de nuestros días, lo importante no es cuán “grande” fue lo que hiciste, sino si lo hiciste con el corazón correcto. Con gozo, con humildad, con perseverancia. Y si así fue, entonces un día escucharás esas palabras que valen más que mil reconocimientos humanos: “Bien, buen siervo y fiel… entra en el gozo de tu Señor
¿Es tu deseo llegar al final y escuchar al Señor decirte esas palabras?
No por lo grande de tus logros, sino por la obediencia constante, la fidelidad en lo secreto y el compromiso verdadero con Su obra.
Que cada acto de servicio, cada sacrificio y cada día de entrega tenga un solo propósito: Que el Señor sea glorificado y que tú seas hallado fiel.

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente

En este Devocional nos habla un punto importante »Bien hecho», esto a pesar de ser unas palabras de cortesía y felicidad, es algo más profundo es una expresión intensa de reconocimiento, plenitud y alegría. Con cada servicio que hacemos, no debemos hacerlo por cumplir o por obligación, sino con humildad y reconocer que Cristo murió por nosotras en esa Cruz. Pero no todos recibieran este elogio, porque muy claro está, solo los recibieran los que fueron fieles con la que gestionamos lo que se nos ha confiado.
Dios a puesto una responsabilidad, un don o una tarea, a cada uno de nosotros, sin importar cuán grande o visible parezca. Lo importante no es la cantidad o el reconocimiento humano, sino la fidelidad con la que usamos lo que se nos ha confiado. Aun si no tenemos un cargo importante o una plataforma pública, Dios valora lo que hacemos con sinceridad y para su gloria. Nada de lo que hagamos por Él pasa desapercibido, él ve el corazón y la intención detrás de nuestras acciones.