EN QUÉ CONSISTE LA VIDA CRISTIANA
“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.”
Juan 15:1-2
Hay muchos creyentes que no se han detenido a pensar ¿en qué consiste la vida cristiana? Algunos creen que la vida cristiana consiste en tener una biblia y leerla de vez en cuando. Otros, piensan que esta significa ir a la iglesia. Pero, no es ni lo uno, ni lo otro. En Jesús no hallamos estos criterios que la cultura o las costumbres han encumbrado y con ello han generado los errores más absurdos que mucha gente todavía sigue manteniendo.
Para Jesús la vida cristiana, tiene por lo menos tres componentes: La conexión con Jesús.
1. EN LA CONEXIÓN CON JESÚS. Lo primero que Jesús señala es la imperiosa necesidad de mantener una conexión viva y segura: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.” (Juan 15:1). Para Jesús no hay otra preocupación, sino que, el nuevo creyente, el discípulo, esté conectado precisamente con él y con no algo o alguien. Por eso es que aclara: “Yo soy la vid verdadera,” (Juan 15:1a), ya que hay muchas formas y maneras religiosas de sustituir a Jesús. Aquí no cabe el concepto de alternativo. Y si él menciona que él es la vida verdadera, está claramente señalando que hay otras vides falsas, que tratan de hacer las veces de él, pero no lo logran.
No habrá mayor seguridad para un creyente, de saber que está en lo correcto, si su conexión con Jesús es diaria, firme y nutritiva; porque vive de él, se alimenta de él y va a producir por su conexión con él.
2. EN LA MADUREZ Y FRUTO. Lo que el Señor espera es que la vida cristiana vaya en crecimiento, vaya madurando y como consecuencia de ello produzca fruto. El fruto es la mejor evidencia de una fe correcta bien cimentada en Cristo Jesús. Por eso dice: “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. (Juan 15:2). En primer lugar, Jesús no admite la improductividad, la esterilidad no es característica de la vida cristiana, puesto que está conectado con la vid verdadera, entonces es contraproducente; de pasar esto, el Señor lo desarraigará, lo quitará porque no es un pámpano o una rama sana. La segunda razón para esperar madurez y fruto es considerar su conexión con la vida verdadera, la cual fructificará en él o en ella; y lo irá podando para que no tenga tropiezo en su madurez y, por ende, en el logro de su fruto.
3. EN MANTENERSE SIN ALTERACIONES DAÑINAS. Para Jesús la vida cristiana no es la euforia de un momento, ni de un optimismo desbordante, que se sucede en algún instante de la vida; sino más bien, una vida continuada que se mantiene sin mutación, ni alteraciones dañinas, como lo dice Jesús en Su palabra: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.” (Juan 15:4). El poder estar ligado constantemente a Jesús, mediante la oración, el estudio de su palabra y la obediencia a sus requerimientos, hará que nuestra conexión con la vid verdadera genere un sano y equilibrado crecimiento.
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
