DONES PARA SERVIR, NO PARA LUCIRSE
“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”
1 Pedro 4:10
Dios nos ha dado dones espirituales no para guardarlos, ni para hacernos notar, sino para que los pongamos al servicio de los demás. El Espíritu Santo reparte a cada creyente habilidades especiales para el ministerio, y aunque dos personas tengan el mismo don, el modo en que lo ejercen puede ser muy distinto.
Por ejemplo, un maestro puede estar capacitado para enseñar a niños, y otro puede enseñar griego bíblico en un seminario. Un evangelista puede predicar con pasión a multitudes, y otro puede compartir el evangelio con eficacia en una conversación uno a uno. Esa es la belleza de la diversidad: Dios no nos hizo copias, sino miembros únicos del mismo cuerpo.
La palabra “ministerio” viene del griego diakonía, que significa “servicio”. Jesús, nuestro ejemplo supremo, dijo: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir” (Marcos 10:45). Así también nosotros: los dones que hemos recibido no son trofeos espirituales, sino herramientas de servicio.
Es importante recordar que los dones espirituales no solo fueron dados para edificación personal. Si alguien estudia la Biblia solo para sí mismo, o discierne la verdad, pero no la comparte, está guardando el don que Dios le dio. Un don ejercido en aislamiento, sin bendecir a otros, pierde su propósito.
Dios te ha dado un don, y ese don es para alguien más. Cada vez que lo usas con humildad y amor, estás sirviendo al cuerpo de Cristo, y glorificando al Señor. La bendición personal que recibes al servir es real, pero es el resultado, no el objetivo principal.
Reflexiona:
- ¿Cómo podrías servir mejor a tu iglesia con lo que Dios te ha dado?
- ¿Estás usando tu don espiritual para edificar a otros?
- ¿Lo estás ejerciendo en amor, o lo has guardado por miedo o descuido?

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente
