ESTABLECIENDO PUENTES
«Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.»
Lucas 5:24
Esta es la historia de un hombre paralítico, no un niño, sino un adulto. Su condición no era reciente; había vivido así por años. Podemos imaginar una vida marcada por la frustración: sueños no alcanzados, proyectos truncos, dependencia constante de la ayuda ajena. Una existencia limitada, sostenida únicamente por la compasión de amigos y vecinos. Su dolor, aunque silencioso, era profundo. Y esa misma necesidad persiste en nuestros días. Hoy también vivimos en una sociedad paralizada. Tal vez no por una discapacidad física, pero sí por una profunda inmovilidad emocional y espiritual. Muchos están atrapados en cadenas invisibles: el pecado, el miedo, la ansiedad, la soledad o la desesperanza los mantienen postrados. Ante esta realidad, el llamado de Dios sigue vigente: ser como aquellos cuatro amigos del paralítico, personas decididas a cargar con el dolor de otros y llevarlos a los pies de Jesús. Personas que construyen puentes hacia la esperanza.
La fe de estos amigos fue lo que movió el corazón del Señor. Jesús no sanó al hombre por su propia fe, sino por la de quienes lo llevaron. No se detuvieron ante los obstáculos; subieron al techo, lo abrieron y bajaron a su amigo delante del Salvador. Fue una fe valiente, activa y solidaria (Lucas 5:20). Una fe que actúa cuando otros no pueden. Una fe que intercede cuando otros no tienen fuerzas. Este pasaje revela varios rasgos esenciales que debe tener todo hijo de Dios en el servicio al prójimo:
1. Fe activa y solidaria: “Al ver Jesús la fe de ellos…” (Lucas 5:20)
Estos amigos no esperaron que el milagro llegara por sí solo. Se comprometieron con el dolor del otro y tomaron acción. La fe verdadera se manifiesta con hechos. Como dice Santiago 2:17, “la fe sin obras está muerta”. El servicio al prójimo comienza con una fe que no se queda quieta.
2. Amor compasivo y sacrificial: “subieron encima de la casa…” (Lucas 5:19b).
Este acto implicó esfuerzo, vergüenza y sacrificio. Así también es el amor que transforma: aquel que va más allá de la comodidad, que busca soluciones cuando todo parece cerrado. Servir al prójimo cuesta, pero también edifica.
3. Intercesión decidida: «,poniéndole en medio, delante de Jesús» (Lucas 5:19c).
Estos hombres creían que Jesús era la única esperanza para su amigo, y actuaron con decisión. Pablo lo dijo en Romanos 10:14: “¿Cómo oirán sin haber quien les predique?”. Cuando intercedemos, nos convertimos en puentes vivos entre el dolor humano y la esperanza en Cristo. ¿Eres un puente o una barrera?
4. Servicio que glorifica a Dios: «se fue a su casa, glorificando a Dios» (Lucas 5:25)
Cuando el paralítico fue sanado, la multitud glorificó a Dios (Mateo 9:8). El propósito final del servicio cristiano no es el reconocimiento personal, sino exaltar a Cristo.
Dios nos llama hoy a ser como esos amigos del paralítico: personas de fe activa, compasión verdadera, servicio sacrificado y corazón humilde. Que cuando sirvamos, otros se levanten —no solo de sus camas, sino de sus pecados— y glorifiquen al Dios que sana, perdona y transforma.
Avancemos con Fe

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente

La parábola del paralítico nos recuerda el poder de la Fe y la importancia de la comunidad. Los amigos del paralítico no se dieron por vencidos , abrieron el techo y bajaron a su amigo hasta Jesús. Este acto de fe y perseverancia fue recompensado con sanación.🙌