BAJO SU MIRADA
“Él sana a los quebrantados de corazón,
y venda sus heridas.
Él cuenta el número de las estrellas;
a todas ellas llama por sus nombres.
Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder;
y su entendimiento es infinito.”
Salmo 147:3-5
Hay temporadas en las que podemos sentir que nadie se da cuenta de lo que estamos viviendo. Seguimos adelante, cumplimos nuestras responsabilidades, conversamos con los demás y hasta sonreímos; pero por dentro cargamos preocupaciones, preguntas, cansancio o heridas que pocas personas conocen.
Y en esos momentos puede aparecer silenciosamente una pregunta: ¿Dios realmente está viendo lo que estoy pasando?
El Salmo 147 nos invita a levantar la mirada. El salmista dice que Dios “cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres”. Nosotros miramos hacia el cielo y apenas alcanzamos a distinguir algunas; para nosotros son incontables, pero delante de Dios ninguna pasa desapercibida.
C. H. Spurgeon expresó esta verdad de una manera hermosa: “Aquel que cuenta las estrellas y las llama por su nombre, no está en peligro de olvidarse de sus hijos.”
Si Dios tiene tal conocimiento y dominio sobre una creación tan inmensa, nuestra vida tampoco está fuera de Su atención. Él sabe dónde estamos y conoce lo que estamos atravesando, aun cuando nadie más lo perciba.
Quizá no podamos comprender todo lo que Dios está haciendo, pero podemos descansar en una certeza: nuestra vida permanece bajo Su mirada.
1.BAJO SU MIRADA, NADA DE TU CORAZÓN PASA DESAPERCIBIDO.
Antes de hablar de las estrellas, el salmista nos muestra el cuidado personal de Dios por aquellos que están sufriendo: “Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas” (v. 3).
Es hermoso observar el contraste. El Dios que gobierna sobre una creación inmensa también se acerca a una persona con el corazón quebrantado. Su grandeza no lo hace distante; Su grandeza le permite estar presente en aquello que para nosotros parece imposible.
Hay cosas que podemos ocultar de los demás. Podemos decir que estamos bien cuando en realidad estamos cansados. Podemos continuar con nuestras actividades mientras interiormente estamos luchando. Incluso existen sentimientos que nosotros mismos no sabemos explicar; pero delante de Dios no necesitamos aparentar.
Él ve las oraciones que hacemos en silencio, las preocupaciones que llevamos a la cama, las lágrimas que nadie vio y aquellas preguntas que todavía no nos atrevemos a expresar. Lo que nadie más alcanza a ver, Dios ya lo ha visto.
Y el salmista no dice solamente que Dios observa al quebrantado, sino que “venda sus heridas”. Es la imagen de alguien que se acerca con cuidado para atender aquello que duele. Dios no contempla nuestro dolor con indiferencia; se acerca a nosotros en medio de él.
Quizá hoy exista alguna herida que todavía no ha sanado, una preocupación familiar, una decepción, una lucha interior o simplemente un cansancio acumulado durante mucho tiempo.
No necesitas esconderlo delante de Él, puedes acercarte tal como estás porque estar bajo Su mirada significa que incluso nuestras heridas tienen un lugar donde ser llevadas.
2.BAJO SU MIRADA, PUEDES DESCANSAR AUNQUE NO ENTIENDAS.
El salmista continúa diciendo: “Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; y su entendimiento es infinito.” (v. 5).
Nosotros vemos solamente una parte de nuestra historia; Dios contempla mucho más de lo que nuestros ojos pueden alcanzar. Nosotros conocemos el presente y recordamos el pasado, pero no sabemos lo que ocurrirá mañana.
Por eso muchas veces queremos entender antes de confiar. Queremos saber por qué sucedió algo, cuánto tiempo durará una situación, cuándo llegará una respuesta o de qué manera terminará aquello que nos preocupa.
Pero no siempre tendremos esas respuestas.
Hay momentos en los que la fe no consiste en comprender, sino en poder decir: “Señor, no sé por qué estoy pasando por esto, pero sigo confiando en Ti.”
Pensemos en un niño que viaja junto a su padre. Puede quedarse dormido sin conocer la ruta, sin saber cuánto falta y sin entender cada giro del camino. Descansa porque no necesita conocer toda la ruta; le basta saber quién está conduciendo.
Así sucede también con nosotros. Habrá caminos que no comprenderemos y temporadas en las que no tendremos todas las respuestas. Sin embargo, nuestra seguridad no depende de conocer cada detalle del recorrido, sino de confiar en el carácter de Dios. Cuando no puedas entender el camino, descansa en Aquel que sí lo conoce.
Quizá Dios todavía no ha cambiado tu circunstancia. Tal vez sigues esperando una respuesta. Pero la espera no significa abandono, ni el silencio significa ausencia.
A veces Dios cambia las circunstancias; otras veces comienza fortaleciendo nuestro corazón mientras atravesamos esas circunstancias.
CONCLUSIÓN
Tal vez hoy no necesitas encontrar una explicación para cada cosa que estás viviendo. Quizá necesitas algo más sencillo y profundo: recordar quién está contigo mientras lo atraviesas.
El Salmo 147 nos presenta a un Dios inmensamente poderoso y, al mismo tiempo, profundamente cercano. Cuenta las estrellas, pero también venda corazones heridos. Su entendimiento es infinito, pero Su atención alcanza nuestra vida cotidiana.
Por eso, puedes acercarte a Él con aquello que te preocupa. Puedes hablarle de lo que duele, de lo que no comprendes y de aquello que todavía estás esperando. No necesitas tener todas las respuestas para seguir confiando.
Quizá hoy solo puedas dar un paso más. Quizá solamente puedas hacer una oración sencilla: “Señor, no entiendo este momento, pero confío en que Tú estás conmigo.” Y a veces eso es suficiente para continuar, porque nuestra esperanza no está en que siempre entenderemos el camino, sino en que nunca caminaremos fuera del cuidado de Dios.
Levanta la mirada. El Dios que sostiene una creación tan inmensa también puede sostener tu corazón.
Aunque no puedas ver todo lo que Él está haciendo, puedes descansar sabiendo que sigues bajo Su mirada.
¡Creciendo en la Palabra y viviendo juntos en santidad!

Luiggi Naveda
Pastor Asistente
