MI FUERZA ESTÁ EN DIOS
«Jehová es mi fortaleza y mi escudo;
En él confió mi corazón, y fui ayudado,
Por lo que se gozó mi corazón,
Y con mi cántico le alabaré.”
Salmos 28:7
INTRODUCCIÓN
Hay momentos en los que nos sentimos fuertes y capaces de enfrentar lo que viene. Pero también hay días en los que descubrimos que nuestras fuerzas tienen un límite. Podemos cansarnos emocionalmente, sentirnos preocupados por lo que viene o simplemente no saber cómo resolver aquello que tenemos delante.
David conocía muy bien esos momentos. En el Salmo 28 clama a Dios en medio de la dificultad, pero al llegar al versículo 7 hace una declaración de confianza: “Jehová es mi fortaleza y mi escudo.”
David no dice: “Yo soy fuerte”. Dice: “Dios es mi fortaleza.” Su seguridad no estaba en sus capacidades, sino en el Señor. Y esa misma verdad necesitamos recordar nosotros: cuando nuestras fuerzas terminan, Dios sigue siendo nuestra fortaleza.
- DIOS ES NUESTRA FORTALEZA Y PROTECCIÓN
“Jehová es mi fortaleza y mi escudo…”
David utiliza dos imágenes muy importantes: fortaleza y escudo.
La fortaleza habla de aquello que nos sostiene; el escudo habla de aquello que nos protege. Es como si David estuviera diciendo: “Dios me sostiene por dentro y me protege mientras sigo caminando.”
Muchas veces buscamos nuestra fortaleza en cosas que pueden cambiar: nuestras capacidades, nuestros recursos, las personas que están a nuestro lado o las circunstancias favorables. Pero todas esas cosas pueden fallar. Dios, en cambio, permanece.
Esto no significa que nunca tendremos problemas. Tener a Dios como nuestro escudo no significa vivir sin batallas; significa que no enfrentamos nuestras batallas solos.
Tal vez hoy hay algo que te preocupa, algo que estás intentando resolver o una situación que te está quitando fuerzas. Recuerda: no necesitas tener el control de todo para seguir adelante. Necesitas saber quién está contigo. Porque nuestra seguridad no está en que todo salga como esperamos, sino en saber que Dios permanece con nosotros.
- CONFIAR EN DIOS TRANSFORMA NUESTRO CORAZÓN
“…en él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón…”
David no solamente sabía cosas acerca de Dios; decidió confiar en Él. Dice: “en Él confió mi corazón”.
Confiar en Dios significa entregarle aquello que no podemos controlar. Es decirle: “Señor, no entiendo completamente lo que está pasando, pero sigo creyendo que Tú eres bueno, que Tú estás conmigo y que puedes sostenerme.”
Y observa lo que sucede después: “fui ayudado”. La confianza de David terminó convirtiéndose en gratitud y alabanza.
Quizá Dios no siempre responda de la manera o en el momento que esperamos, pero nunca abandona al que pone su confianza en Él. A veces cambia la circunstancia; otras veces comienza cambiando nuestro corazón en medio de ella.
Por eso David termina diciendo: “…y con mi cántico le alabaré.”
La preocupación dio lugar a la confianza, la confianza experimentó la ayuda de Dios, y la ayuda produjo alabanza.
Y cuando ponemos nuestras cargas en las manos de Dios, nuestro corazón aprende a descansar aun antes de ver la respuesta.
CONCLUSIÓN
Salmos 28:7 nos recuerda algo sencillo pero profundo: no tenemos que vivir dependiendo solamente de nuestras propias fuerzas.
Cuando te sientas débil, recuerda: Dios es tu fortaleza.
Cuando tengas temor, recuerda: Dios es tu escudo.
Cuando no sepas qué hacer, recuerda: puedes confiar en Él.
David comenzó clamando, pero terminó alabando. No porque nunca hubiera tenido problemas, sino porque en medio de ellos descubrió que Dios seguía siendo fiel.
Quizá hoy también necesitemos decir desde el corazón:
“Señor, no sé cómo terminará todo esto, pero sé quién eres Tú. Eres mi fortaleza, eres mi escudo y hoy decido confiar en Ti.”
¡Creciendo en la Palabra y viviendo juntos en santidad!

Luiggi Naveda
Pastor Asistente
