EL PADRE NUESTRO
“Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.”
Mateo 6:9
Sin lugar a dudas, el «Padre Nuestro» es el modelo de oración más preciosa que el mismo Señor Jesús nos enseñó y que, lamentablemente, como una especie de fórmula, se repite constantemente, haciéndola cada vez más mecánica y poco efectiva en su contenido.
A partir de ahora, vamos a examinarla frase por frase en nuestros devocionales de los días domingos, de tal manera que le tomemos importancia, significado y logremos aprovecharla mejor al orar, dirigiéndonos al único Padre celestial que tenemos.
La primera frase nos enseña que tenemos un Padre que está en los cielos; de esto se deduce que:
1. TENEMOS UN PADRE. Tal vez muchos en esta tierra no tuvieron un padre, ya sea porque falleció cuando el hijo o la hija eran muy tiernos y no tuvieron la oportunidad de disfrutarlo, o porque los abandonó en algún momento de la vida. Y esta situación ha sido motivo de sentirse abandonado, enojado y resentido con el padre que no tuvieron. A veces este resentimiento se extiende a Dios o a la vida, maldiciendo la existencia propia. Si este es tu caso, vas a perder la maravillosa experiencia de tener a Dios como Padre. Y la única manera de que tengas a Dios como Padre, estriba en que puedas perdonar a tu padre terrenal y aceptarlo a Dios como el único Padre y suficiente Salvador, como lo indica Su palabra: “Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” (Juan 1:12)
2. DEBEMOS APRENDER A TRATARLO COMO PADRE. Esto implica que desarrollemos una relación de intimidad, de seguridad y confianza, ya que es nuestro Padre y debe saber lo más mínimo de nuestras vidas. Aunque él lo tiene todo preparado y predispuesto: “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.” (Mateo 6:31-32). Esto, nos enseña a depender total y completamente de él; sin embargo, muchos creyentes no disfrutan de estos privilegios, debido a que desconocen o sencillamente conocen la clave, pero no la toman en cuenta. Y la clave es: “Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mateo 6:33)
3. NO ES UN PADRE PARA UNO SOLO, SINO PARA MUCHOS. Dios no es patrimonio de un solo creyente, sino que es Padre de multitudes que le han pedido perdón y le han aceptado como su Padre. Esto nos muestra que la fe cristiana no es individualista, sino comunitaria y que pertenecemos a una familia espiritual que es la iglesia. Es allí donde está nuestra verdadera familia. Y todos debemos de saber que Cristo Jesús amó y ama tanto a Su iglesia, porque es Su familia y se entregó por ella “[…] para santificarla […] a fin de presentársela así mismo , una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.” (Efesios 5:26-27)
Mira, qué calidad es la familia de Dios, de la cual Él es único Padre, y tú y yo somos sus hijos, ¡Gloria a Dios!
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
