¿EN QUIÉN ESTÁ FUNDADA NUESTRA VIDA?
“…Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito…” (Job 1:21)
De un momento a otro, todo en nuestra vida puede cambiar. Lo que parecía estar estable, seguro y siguiendo su curso normal puede convertirse, en cuestión de segundos, en un escenario de dolor, luto, tristeza y desesperanza. Así ocurrió con Job. En un solo día perdió sus bienes, su estabilidad y a sus hijos. Lo que parecía una vida tranquila cambió por completo.
Durante esta última semana he sentido una profunda tristeza por todo lo que está atravesando mi país, Venezuela. Al meditar en estos acontecimientos tan desgarradores, he podido ver, una vez más, cuán frágil es la vida. Cuántas personas comenzaron una mañana como cualquier otra, con planes, responsabilidades y sueños, sin imaginar que en pocas horas todo cambiaría para siempre.
Esto nos recuerda una realidad que con frecuencia olvidamos: la vida es pasajera. Muchas veces vivimos como si tuviéramos el control del mañana, como si todo estuviera garantizado. Posponemos lo importante, descuidamos nuestra comunión con Dios y creemos que siempre habrá una nueva oportunidad para ponernos a cuentas con Él.
Pero la Escritura nos enseña que nuestra seguridad no debe descansar en aquello que es temporal, sino en Cristo, la Roca eterna. Él mismo dijo que quien edifica su vida sobre la roca podrá enfrentar la lluvia, los ríos y los vientos; aunque las tormentas golpeen con fuerza, esa casa no caerá porque está cimentada sobre un fundamento firme.
La pregunta que cada uno de nosotros debe hacerse es: ¿En quién está fundada mi alma? ¿Sobre qué estoy edificando mi vida? ¿Sobre las posesiones, la estabilidad, los proyectos y las circunstancias, o sobre Cristo, quien permanece para siempre?
Quizá hoy todo marcha bien. Tal vez disfrutamos de salud, de nuestra familia y de tranquilidad. Sin embargo, nadie sabe lo que traerá el día de mañana. Si un fuerte terremoto sacudiera nuestro mundo, ¿permanecería firme nuestra fe? ¿Seguiríamos confiando en Dios aun cuando todo lo demás desapareciera?
Job perdió absolutamente todo, pero había algo que nunca pudo perder: su confianza en Dios. Por eso, aun en medio del sufrimiento, pudo decir: «Yo sé que mi Redentor vive.» (Job 19:25)
Que el dolor de quienes hoy sufren nos lleve a reflexionar sobre nuestra propia vida. No esperemos a que llegue la prueba para buscar al Señor. Hoy es el día para afirmar nuestro corazón en Cristo, porque solo quien está cimentado en Él podrá permanecer firme cuando todo lo demás sea sacudido.

José Miguel Olave
Pastor de Adoración y Artes

Amén 🙏