MÁS ALLÁ DE LAS URNAS
«Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz.» Jeremías 29:7
Este domingo 7 de junio, millones de peruanos acudirán a las urnas para elegir al próximo presidente de la República. El contexto en el que se desarrollan estas elecciones está marcado por una profunda polarización política, una creciente crisis de inseguridad, el desgaste de las instituciones públicas y una fuerte desconfianza ciudadana hacia la clase política. Diversos análisis coinciden en que el país enfrenta desafíos relacionados con la delincuencia, la corrupción, la fragmentación política y la gobernabilidad.
Ante este escenario, ¿cuál debe ser la actitud del cristiano?
La respuesta no se encuentra en los discursos de campaña ni en las redes sociales, sino en la Palabra de Dios. Jeremías escribió a un pueblo que vivía una situación mucho más difícil que la nuestra. Los judíos habían sido deportados a Babilonia, lejos de su tierra, de su templo y de sus tradiciones. Muchos estaban llenos de frustración, dolor y resentimiento. Sin embargo, Dios les dio una instrucción inesperada: debían buscar la paz de la ciudad donde vivían y orar por ella.
Lo más sorprendente es que Babilonia no era una nación amiga. Era la potencia que había destruido Jerusalén y llevado cautivo al pueblo de Dios. Aun así, el Señor les ordenó procurar su bienestar y clamar por ella.
Este principio sigue siendo válido para nosotros. Como cristianos, nuestra esperanza no descansa en un candidato, un partido político o una ideología. Nuestra confianza está en Dios, quien sigue gobernando sobre las naciones y dirigiendo la historia conforme a sus propósitos.
Esto no significa que debamos ser indiferentes. Al contrario, debemos ejercer nuestra ciudadanía con responsabilidad. Votar es una oportunidad para actuar con conciencia, buscando aquello que contribuya al bien común, la justicia, la protección de la vida y el bienestar de la sociedad. Pero debemos hacerlo sin odio, sin fanatismo y sin convertir nuestras preferencias políticas en motivo de división dentro del cuerpo de Cristo.
También debemos recordar que la iglesia tiene una misión más grande que cualquier proceso electoral. Los gobiernos cambian, los presidentes pasan y las circunstancias políticas se transforman, pero el Reino de Dios permanece para siempre. Nuestra tarea sigue siendo anunciar el evangelio, hacer discípulos, servir al prójimo y ser luz en medio de la oscuridad.
Por eso, en estos días previos a la elección, el llamado de Dios es a la oración. Oremos para que el Señor conceda sabiduría al pueblo peruano. Oremos para que prevalezcan la verdad, la justicia y la integridad. Oremos para que las autoridades que resulten elegidas gobiernen con responsabilidad y temor de Dios. Y oremos para que el Perú encuentre caminos de paz en medio de tanta división.
Jeremías nos recuerda una verdad profunda: «porque en su paz tendréis vosotros paz.» Cuando buscamos el bienestar de nuestra nación, estamos obedeciendo el corazón de Dios y contribuyendo al florecimiento de la sociedad donde Él nos ha colocado.
Avancemos con fe

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente

Amén 🙏