¿CÓMO ORAR BÍBLICAMENTE?
“La oración debe ser la llave del día y el cerrojo de la noche”
Charles Spurgeon
“Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. 2 Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 3 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 4 Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.”
Lucas 11:1-4
Es interesante que mucha gente ora, pero no necesariamente el Señor escucha sus oraciones. Nuestras oraciones a menudo revelan que tenemos una idea inadecuada de Dios. Muy a menudo nuestras oraciones parecen más una lista de compras que una conversación con Dios.
Lucas menciona más que ningún otro evangelista que la vida de Jesús estaba bañada en oración: “… también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió” (3:21); “se retiraba con frecuencia a los lugares solitarios para orar” (5:16); “salió al monte a orar y pasó la noche entera en oración a Dios” (6:12); “mientras Jesús oraba aparte” (9:18); “y subió al monte a orar. Y entretanto que oraba” (9:28-29); “Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar” (11:1).
Después de tanto tiempo caminando con Jesús, los discípulos le habían visto hacer milagros, predicar la Palabra, etc.; pero, no le piden que les enseñe eso; sino: “Señor, enséñanos a orar …”. Se supone que todo judío “sabía cómo orar”, y lo hacía a través de alabanzas y doxologías; pero, reconocen que las repeticiones y fórmulas no tienen sentido.
Esta es la segunda vez que Jesús menciona el Padre Nuestro (la primera fue en el Sermón del Monte, en Mateo 6), y lo hace en respuesta a una súplica: “enséñanos a orar”.
Si algo anhelamos con todo el corazón debemos presentarlo en oración. Es tiempo de dejar nuestras peticiones humanas sin profundidad y seguir la oración al modelo de Jesús. Así que, nuestras oraciones deben llevar:
- DIRECCIÓN Y RELACIÓN (v.2a): “Padre nuestro que estás en los cielos”
La oración es como una carta, que al no tener una dirección correcta no llegará a su destino. Nuestras oraciones van dirigidas al Padre, a través de la obra de Jesucristo como mediador y guiados por el Espíritu Santo que nos guía cómo hacerlo correctamente. ¿Por qué es importante conocer esto? Desde el tiempo de Jesús se hacían oraciones equivocadas: dirigida a los ángeles, luego a los santos, incluso se creía hacerlo a Dios, pero no es así. Santiago 4:3, dice: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal …”.
Nuestras oraciones pueden tener una mala dirección o una mala motivación, por ende, no serán contestadas. El decirle al Padre que es “nuestro” implica que hay una relación íntima. El que se acerca debe saber a quién acude.
Pero, cuidado, Dios no es el Padre de todos los hombres; sino, de todo aquel que ha llegado a ser Su hijo a través de Jesús: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;” – Juan 1:12. Aún cuando muchos hijos han perdido la relación con el Padre, tal cual la historia del hijo pródigo, podemos volver a casa, hay confianza en acercarnos a un padre amoroso y perdonador.
“Padre nuestro que estás en los cielos”, dirige nuestra oración hacia allá, hacia donde está nuestra verdadera patria celestial, de la que como cristianos estamos en camino. “Una oración mal dirigida nunca será respondida”.
- ADORACIÓN E IDENTIFICACIÓN (v.2b): “… Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino”.
Toda oración demanda adoración: “Santificado sea tu nombre”. Debemos darle la gloria a Dios siempre. No podemos esperar recibir de Él misericordia y gracia, sin antes darle la honra debida. Una oración puede que no tenga peticiones, pero nunca debe faltar adoración. Cada oración debe reconocer dos cosas: la Santidad de Dios y nuestra pecaminosidad.
Toda oración demanda identificación con Su Plan:“Venga a nosotros tu reino”
Juan el Bautista, Jesús, los apóstoles, los 70 que fueron enviados, predicaron acerca del reino de los cielos. Entonces, cuando oramos sujetando nuestra voluntad a la suya nos identificamos con ese plan elaborado desde el cielo.
No podemos adorarle sin conocerle, y cuando le conocemos le amamos más. Jesús es el amor que toda persona necesita. Una oración sin adoración no tiene fundamento, porque no reconoce a quien uno se está dirigiendo.
- SUJECIÓN VOLUNTARIA (v.2c): “… Hágase tu voluntad …”
Aspectos celestiales: “… como en el cielo”. Orar no es difícil, lo que es difícil para algunos es aceptar la voluntad del Señor. La oración no es hablar y pedir, la oración es pedir ayuda a sujetarme a Su voluntad, la cual es buena, agradable y perfecta. “La oración no es para cambiar los planes de Dios. Es para confiar y descansar en su soberana voluntad” – Martín Lutero.
“Hágase tu voluntad como en el cielo”: nos lleva a mirar al cielo. Entonces, mi oración no tiene como base lo que yo quiero; sino, lo que el Padre Celestial tiene para mí.
Aspectos terrenales: “… así también en la tierra”. Ubicando mi mirada primero en el cielo, luego bajo la mirada a la tierra. Mis peticiones, anhelos y sueños son lícitos pero sujetos al guion que el Señor ha escrito para mí. Así como los ángeles se sujetan y adoran al Señor en el cielo, nosotros, sus hijos, le adoramos y nos sujetamos en la tierra.
Nos equivocamos si lo primero que abrimos al orar son los labios. Lo primero que debemos abrir es el corazón. Luego nuestros oídos para escucharle. Pero ¿cómo vamos a orar conforme a Su voluntad si no leemos Su Palabra? Un corazón sano se sujeta a la voluntad de Dios. Debemos hacer de esta tierra Su cielo, donde el reine cada día.
- PETICIÓN INTEGRAL (vv.3a,4c): “el pan nuestro de cada día dánoslo hoy”, “Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal”
Aspectos terrenales: “el pan nuestro de cada día”. Sólo después de adorar y sujetar nuestra voluntad a la suya podemos pasar a las peticiones. La palabra “pan” incluye todo aquello que necesitamos: trabajo, alimento, salud, etc. ¡El Señor nos escucha! Los dilemas, dudas y angustias del día a día se resuelven en la presencia de Dios. Realmente orar da más descanso que dormir. Dios da su provisión cada día. No podemos alejarnos de la fuente de nuestra provisión.
Aspectos espirituales: “Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal”. Cada día enfrentamos tentaciones. Al orar de esta manera estamos confesando cuán débiles somos y en medio de las batallas necesitamos de Su poder para salir victoriosos. El modelo de Jesús para vencer la tentación en Mateo 4, después de su bautismo, fue el conocimiento de la Palabra. La fórmula para no ceder a las acechanzas del maligno es mantenernos en oración atesorando la Palabra en el corazón.
Un hombre de Dios me dijo alguna vez: No le pidas en oración al Señor cargas más livianas sino hombros más fuertes. ¡Nunca sabremos la realidad de nuestro corazón a la medida que lo descubrimos en oración! La oración es un escudo para el corazón, es el lenguaje sublime de Dios, y un azote para Satanás.
- CONFESIÓN Y PERDÓN (v.4a): “Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben”
Confesar nuestros pecados: “Y perdónanos nuestros pecados”. Cada oración debe llevarnos a arreglar cuentas con Dios. Tristemente hay oraciones llenas de orgullo, tal cual el fariseo en Lucas 18:11: “Dios, te doy gracias, porque no soy como los otros hombres …”, “Al contrito y humillado no despreciarás tú oh, Dios”. La confesión de pecados abre los oídos del Señor. Cuando oramos en el Espíritu, nuestro corazón se descubre completamente y se revela absolutamente todo. “Un hombre en pecado deja de orar, pero un hombre que ora deja de pecar” – Leonard Ravenhill. Si hay pecado no confesado Dios no va a escuchar porque hay una muralla que nos divide.
Perdonar para recibir perdón: “porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben”. Aquel que no perdona, es aquel que no ha entendido la gracia de Dios en su propia vida. El que brinda gracia a los hombres, recibe gracia delante de Dios: “14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.” – Mateo 6:14-15
Cuando perdonamos total y gratuitamente a quienes han pecado contra nosotros nos parecemos más a Jesús. ¿Evidencias tu fe a través del perdón que extiendes a otros? Porque negar el perdón es negar la fe. El perdón o la falta de perdón revela lo sano o lo enfermo que está el corazón. Quizás Dios no nos escucha ni perdona, porque nosotros no estamos dispuestos a escuchar ni perdonar a otros.
Conclusión:
“El Padre Nuestro” inicia reconociendo la grandeza de nuestro Dios y Su Santidad, y termina reconociendo la debilidad del hombre y su necesidad de Él.
Sin la presencia del Espíritu Santo es imposible pedir como se debe y que nuestras oraciones lleguen a la presencia de Dios. ¿Se han convertido nuestras oraciones en un tiempo de queja o sólo pedidos? ¿Cuándo oras has perdido la perspectiva que Dios escucha? El Padre Nuestro es el modelo para seguir al momento de acercarnos al Señor.
“Nunca veremos un gran cambio que mejore nuestras iglesias, hasta que la vida de oración ocupe un lugar más alto en la vida de los cristianos.” – Charles Spurgeon.
¡Estudia la Palabra! ¡Vive la Palabra! ¡Enseña la Palabra!

Daniel Alcántara
Pastor Titular
