LARCO: UNA IGLESIA GENERACIONAL
“Generación a generación celebrará tus obras y anunciará tus poderosos hechos.”
Salmo 145:4
Somos una iglesia generacional porque entendemos que el evangelio se vive y se comparte en el día a día, y que el evangelio crece cuando es transmitido con amor de una generación a otra. No se trata solo de enseñar con palabras, sino de caminar juntos, de acompañar procesos y de mostrar con nuestra vida quién es Cristo. Cuando miramos a nuestra iglesia, vemos niños, adolescentes, jóvenes y jóvenes adultos. Las cifras nos hablan de alrededor de 650 personas, pero más allá de los números, vemos vidas, historias y corazones que Dios nos ha confiado. Cada niño que aprende a orar, cada adolescente que busca su identidad en Cristo, cada joven que decide seguir al Señor, necesita ser cuidado, escuchado y discipulado. No son solo parte de la iglesia: son la iglesia hoy.
“Como iglesia entendemos que el evangelio no es solo para hoy, sino para mañana e incluso para los que aún no han nacido.”
Este salmo nos desafía a no guardar la fe para nosotros mismos, sino a compartir lo que Dios ha hecho y sigue haciendo. Nuestra responsabilidad es crear espacios donde la fe pueda ser conocida, afirmada y vivida, para que Dios continúe obrando en cada etapa de la vida.
Como iglesia, creemos que el evangelio no termina en el presente. Por eso sembramos hoy, enseñamos hoy y acompañamos hoy, confiando en que Dios seguirá guiando a cada generación conforme a Su propósito.
La Biblia nos muestra que la fe nunca fue diseñada para quedarse en una sola etapa de la vida. Dios piensa en términos de generaciones. Cuando hablamos de ser una iglesia generacional, hablamos de custodiar una fe viva que se transmite, se modela y se celebra de padres a hijos, de líderes a discípulos, de hoy hacia el mañana.
En este sentido, considera lo siguiente:
1. El evangelio se enseña intencionalmente.
En Deuteronomio 6:6–7, Dios ordena que Su palabra sea repetida diligentemente a los hijos. Esto nos recuerda que la fe no se hereda Dios no tiene nietos, tiene hijos. Se transmite, se enseña, se modela y se recuerda en casa y en la comunidad. Una iglesia generacional entiende que enseñar no es solo predicar, sino vivir la Palabra en lo cotidiano. Cada conversación, cada ejemplo y cada acto de amor se convierte en una lección eterna para la siguiente generación.
2. Servimos a un Dios de generaciones.
Cuando Dios se presenta como el Dios de Abraham, Isaac y Jacob (Éxodo 3:6), nos revela Su carácter fiel y continuo. Él no cambia con el tiempo ni abandona Sus promesas. Esto nos da seguridad: lo que Dios hizo en el pasado, lo sigue haciendo hoy y lo hará mañana. La iglesia generacional honra su historia sin quedarse atrapada en ella, confiando en que el mismo Dios sigue obrando.
3. Cada generación tiene una voz y una misión.
El Salmo 145:4 nos enseña que una generación debe anunciar a la otra las obras del Señor. Los mayores transmiten sabiduría, los adultos afirman la visión, los jóvenes avanzan con fuerza y los niños reciben fundamentos firmes. Cuando cada generación cumple su rol, el cuerpo de Cristo camina en unidad y poder.
4. El peligro de no transmitir la fe.
Jueces 2:10 nos advierte sobre una generación que no conoció al Señor. No fue porque Dios falló, sino porque la fe dejó de compartirse. Esto nos desafía a no ser una iglesia silenciosa, sino una iglesia que testifica, discipula y acompaña espiritualmente a las nuevas generaciones.
Te animo a que, al finalizar tu devocional, tomes un tiempo para orar por nuestras generaciones y también por aquellas que aún están por alcanzar. Sé parte de una iglesia que ama, cuida y abraza a cada generación.
Avancemos con fe.

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente

Amén 🙏
Amén 🙌