A BUEN ENTENDEDOR …
“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”
Hebreos 10:24–25
La vida cristiana nunca fue diseñada para vivirse en soledad. Dios nos formó como parte de un cuerpo, una familia espiritual que crece, persevera y se fortalece cuando está unida. El autor de Hebreos nos muestra que congregarnos es una bendición del Señor, un espacio donde Él aviva nuestra fe, nos sostiene mutuamente en amor y nos anima a las buenas obras.
La historia del pastor y del hombre ausente de la iglesia ilustra esta verdad. Aquel hombre se había apartado por varias semanas. El pastor, preocupado por su alma, decidió visitarlo. No hubo reprimendas, discursos ni amonestaciones. Solo silencio. Ambos se sentaron frente a la chimenea y, por unos minutos, contemplaron el fuego. De pronto, el pastor tomó unas tenazas, agarró una brasa ardiente y la colocó a un lado, lejos del fuego. Sin necesidad de una sola palabra, la enseñanza comenzó a revelarse: la brasa, antes brillante y viva, empezó a perder su luz. El calor se redujo, el resplandor se apagó y, al poco tiempo, quedó fría y sin vida.
Así sucede cuando un creyente se aparta de la comunión cristiana. Tal vez al inicio mantiene algo de fervor, cierta chispa de fe; pero, aislado del cuerpo, esa llama espiritual comienza a disminuir. La soledad abre puertas al desánimo, al pecado sutil, al enfriamiento del corazón y, finalmente, a una fe debilitada y sin vigor. No porque Dios sea menos poderoso, sino porque Él ha decidido fortalecer a sus hijos mediante la comunión con otros hermanos.
Pero la historia no termina ahí. Antes de irse, el pastor tomó la brasa apagada y la devolvió al fuego. De inmediato, aquella brasa volvió a brillar. El calor regresó. La vida volvió. El hombre lo entendió sin que nadie lo explicara: necesitamos estar juntos. Dios aviva nuestra fe cuando compartimos oraciones, escuchamos la Palabra, cantamos, nos exhortamos y caminamos lado a lado.
Por eso, Hebreos nos llama a considerarnos unos a otros, a no abandonar la congregación, sino a estimularnos al amor y a la esperanza. El Día del Señor se acerca. No es tiempo de aislarnos, sino de permanecer unidos. Somos brasas que arden mejor cuando estamos juntas.
Cuando el pastor se levantó para irse, su anfitrión se puso de pie junto con él y le estrechó la mano. Luego, con una sonrisa, dijo: “Gracias por el sermón, pastor. Lo veré en la iglesia el domingo”.
¿Crees que es importante que asistas a la iglesia? ¿Hay algo respecto a ella que hace que no quieras ir?
El texto no necesita mayor explicación: “A buen entendedor, pocas palabras.”
Avancemos con fe

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente

“Dios aviva nuestra fe cuando compartimos juntos…” amén 🙏🏼