DESDE EL GÓLGOTA BROTÓ LA GRACIA
Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.
Lucas 23:43
Dimas es conocido en la Biblia como uno de los dos ladrones crucificados junto a Jesús. Nació en los márgenes, donde los sueños mueren jóvenes y la esperanza escasea. Desde niño aprendió a defenderse del mundo robando para sobrevivir. Los años pasaron y su corazón se endureció, convencido de que no había otro camino. Hasta que un día, cansado de huir, decidió cometer su último robo. “Con esto empezaré de nuevo”, pensó. Pero el plan salió mal. Fue capturado, juzgado y condenado a morir crucificado, el castigo más vergonzoso del Imperio Romano.
Camino al calvario, Dimas escuchaba insultos, veía rostros de desprecio y sentía el peso de toda su culpa. Cuando los soldados lo levantaron en aquella cruz, el dolor era insoportable. Su cuerpo sangraba, pero más dolía su alma. En medio del tormento, alzó la vista… y entonces lo vio!!.
A su lado, otro hombre también colgaba de una cruz. En el cartel sobre su cabeza se leía: “Jesús de Nazaret, Rey de los judíos.” Dimas había oído hablar de Él. Pero ahora estaba allí, tan herido como él. Sin embargo, algo en su rostro era diferente. No había odio, no había miedo… solo amor.
Mientras el otro ladrón lo insultaba, Dimas sintió que sus propias defensas se derrumbaban. Recordó su vida: los robos, las mentiras, el abandono, los errores. Todo lo que había hecho lo traía hasta ese momento. Entonces, con la voz quebrada, confesó:
“Nosotros merecemos esto… pero este hombre no ha hecho nada malo.”
Y, mirando a Jesús, pronunció una oración que cambiaría su eternidad:
“Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.”
Fue un segundo de silencio… y entonces ocurrió lo inimaginable. Jesús, con los ojos llenos de ternura, lo miró directamente, y le respondió:
“De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.”
¡Qué encuentro glorioso! En el lugar donde el mundo lo desechó, la gracia lo encontró. En la cruz donde debía morir, halló vida eterna. Sin méritos, sin tiempo para hacer el bien, sin poder bajarse y “empezar de nuevo”. Solo con una mirada de fe, Dimas fue perdonado.
La historia de Dimas nos enseña queJesús no se aleja del pecador arrepentido, sino que lo busca incluso en su última hora. Que no hay culpa tan grande que la cruz no pueda cubrir. QUE LA SALVACIÓN NO SE GANA: SE RECIBE POR GRACIA.
Quizás hoy sientas que Dios está lejos, pero en realidadÉl está más cerca que nunca.
Tal vez la historia de tu vida esté marcada por errores, heridas o vergüenza, pero Dios puede escribir un nuevo comienzo.
No solo puede cambiar tu pasado: puede transformar tu destino eterno.
Recuerda que la salvación no se compra ni se merece; es un regalo divino para todo pecador que se arrepiente y cree. Solo necesitas poner tu confianza en Jesucristo, reconocerlo como tu Salvador y Señor, y dejar que su gracia te alcance.
El ladrón en la cruz no tuvo tiempo para hacer obras ni promesas, solo tuvo fe…
y eso bastó para que Jesús le dijera:
“Hoy estarás conmigo en el paraíso.”
Hoy, la misma voz del Salvador te llama. ¿Qué decides?

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente

“Por Gracia somos salvos…” Amén 🙏🏼