DIOS BENDICE EL ESFUERZO
“Trabaja y triunfarás; no trabajes y fracasarás.”
Proverbios 12:24 (TLA)
No me cansaba de mirar las fotografías. Tenía garbo y elegancia cuando estaba en la pista en el coliseo. Era mi hermana Keila, que encantaba a quien la veía danzar nuestra marinera norteña.
Para el año 1982, salió subcampeona nacional infantil de marinera, aunque el coliseo estuvo en contra de la decisión, anhelando que ella se lleve el primer lugar. Para el año 1983, había intensificado su entrenamiento. Sus ensayos eran más fuertes y sus tiempos de trabajo eran más largos. A pesar del cansancio, ella se esforzaba mirando al objetivo. Entonces, Dios bendijo su esfuerzo. Fue vibrante escuchar por los parlantes: ¡Primer lugar para la pareja conformada por Keila Alcántara Ortega y Juan Carlos Otero Balarezo! Había tremenda celebración en el coliseo.
Al leer el versículo de hoy y recordar este evento en mi familia, puedo ver que Dios bendice el esfuerzo de cada uno. Sin duda, al mismo tiempo hay una seria advertencia, el fracaso de todo aquel que no se esfuerza producto de la pereza y el ocio. ¡El haragán nunca llegará lejos!
Sería bueno evaluar nuestras motivaciones para esforzarnos en la vida. Quizás lo hacemos por los estudios, la limpieza en casa, entrenamiento en el gimnasio o por lograr más puntos en el trabajo; cosas que pueden ser importantes o secundarias en la vida, no trascendentales. Pero ¿Hacemos lo mismo para que nuestra célula llegue con el evangelio a otras personas? ¿Me esfuerzo en el estudio de la Palabra pese a mi cansancio o demanda diaria? ¿Intensifico mi búsqueda de aquella “oveja perdida” que ha abandonado la fe? ¿Me desafío por llegar a tiempo a la celebración dominical? ¿Hago lo necesario para desarrollar una vida de oración? ¿Hay algo en el ámbito espiritual en lo cual no estoy esforzándome y he caído en un letargo?
Cuántas veces a asuntos secundarios hemos aplicado el dicho, “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”; pero, no lo aplicamos a las cosas espirituales.
Sin duda Dios desea bendecir a sus discípulos esforzados que cumplan con su tarea o labor en obediencia. Pero, al que “no tiene tiempo” para estudiar la Palabra, para desarrollar una cultura de discipulado en la célula, o para visitar a los que están bajo su responsabilidad, sin duda Dios no les hará la tarea y, por ende, no habrá fruto ni triunfo.
Dios permita que:
- Nuestro máximo entrenamiento semanal sea en el estudio de la Palabra.
- Nuestra máxima motivación sea ser como Jesús.
- Nuestro mayor anhelo sea llevar el evangelio a quienes no conocen a Jesús.
- Nuestra mayor gloria en la vida sea llevarle la gloria a Él.
Un buen desafío para nuestras vidas es, encontrar principios espirituales para cada cosa práctica del día a día, y trabajar en ellas. Por ejemplo: así como limpiamos nuestra habitación, no olvidemos limpiar nuestra mente y corazón constantemente.
El triunfo o el fracaso están en la semilla de una decisión.
¡Estudiemos la Palabra! ¡Vivamos la Palabra! ¡Prediquemos la Palabra!

Daniel Alcántara
Pastor Titular
