UN NUEVO DÍA PARA BUSCAR SU ROSTRO
“Oh SEÑOR, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré ante ti y esperaré.”, Salmos 5:3
El versículo comienza con una declaración firme: “De mañana oirás mi voz” . No es una posibilidad, es una certeza. El salmista no dice “quizás me escuches”, sino que afirma con convicción que Dios nos oye.
En la Escritura, la mañana simboliza muchas cosas:
- Un nuevo comienzo
- Misericordias renovadas
- Luz después de la oscuridad
- Esperanza tras la angustia
La mañana representa el momento en que decidimos quién gobernará nuestro día: nuestras emociones, nuestras preocupaciones… o Dios.
Cuando vamos “de mañana” a Dios implica prioridad. Antes que el ruido del mundo, antes que las responsabilidades, antes que los problemas, el salmista escoge a Dios. No reacciona al día; lo entrega primero en oración. Hay una disciplina espiritual intencional: buscar al Señor antes de todo.
Pero el versículo no termina con hablar, sino con esperar . “Y esperaré”. Esa palabra confronta nuestra vida acelerada. Nos cuesta esperar respuestas, procesos, promesas. Queremos resultados inmediatos, soluciones rápidas, puertas abiertas sin proceso.
Muchas decisiones equivocadas nacen de la impaciencia: invertir sin dirección, iniciar relaciones fuera del tiempo correcto, tomar atajos que después traen dolor. No consultar a Dios ni esperar.
Quizás muchas de nuestras frustraciones no se deben a que Dios no quiere bendecirnos, sino a que no sabemos esperar Su tiempo. Y aprender a esperar forma el carácter. La paciencia produce madurez, dominio propio y dependencia del Señor. Muchas caídas espirituales ocurren cuando actuamos antes de tiempo.
Mis hermanbos, cada mañana es una oportunidad para rendir el gobierno de nuestra vida al Señor. Si Él dirige el inicio, también sostendrá el resto del día.

José Miguel Olave
Pastor de Adoración y Artes
