NO DEJES DE ORAR
1 «En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. 2 Entonces él volvió su rostro a la pared, y oró a Jehová y dijo: 3 Te ruego, oh Jehová, te ruego que hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequías con gran lloro. 4 Y antes que Isaías saliese hasta la mitad del patio, vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: 5 Vuelve, y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano; al tercer día subirás a la casa de Jehová. 6 Y añadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo.»
2 Reyes 20:1-6
Las peticiones de oración a menudo reflejan los anhelos más profundos de nuestro corazón. Oramos por salud, restauración, consuelo, salvación, etc. Son súplicas que surgen en medio de la incertidumbre, cuando sentimos que no tenemos el control. A veces, nos preguntamos si nuestras oraciones realmente hacen la diferencia. ¿Nos escucha Dios? ¿Le importa lo que le pedimos?
El rey Ezequías también enfrentó una situación difícil porque recibió una noticia devastadora: su muerte era inminente. En ese momento de angustia, no se resignó ni buscó otra solución o ayuda humana, no se rindió al temor ni a la desesperanza, sino que volvió su rostro a la pared y oró (v. 2). Su clamor fue sincero, lleno de lágrimas y fe; clamó y Dios respondió, no porque Ezequías fuera perfecto, sino porque Dios es fiel a su pacto, actúa con amor y de acuerdo a sus propósitos.
Dios sigue escuchando las oraciones hoy. Dios responde siempre en Su tiempo y conforme a Su voluntad, y por eso, aunque la respuesta no sea la que esperábamos, podemos estar seguros de que Él oye cada palabra y obra en nuestra vida conforme a Su amor y propósito.
Quizá hoy te sientes cansado de orar por lo mismo una y otra vez. Tal vez crees que Dios no te escucha o que tu oración no es suficiente. No dejes de orar. No dejes de confiar. Dios ve cada lágrima, escucha cada palabra y obra en formas que muchas veces no podemos ver de inmediato.
La historia de Ezequías nos recuerda que cuando oramos, no hablamos al aire, sino que estamos comunicándonos con el Dios vivo que nos ama y tiene el control de todas las cosas. Sigue orando. Dios escucha, Dios responde y Dios nunca te deja solo.
«Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces»
(Jeremías 33:3).

Alex Plasencia
Pastor Asistente
