EL CORAZÓN DEL VERDADERO PERDÓN
“21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.«
Mateo 18:21-22
Perdonar no es un tema de cuántas veces, sino de cómo está tu corazón. En Mateo 18:21-35, Pedro se acerca a Jesús con una duda: “¿Cuántas veces debo perdonar?” Y espera quizás una respuesta razonable, como “siete veces”. Pero Jesús le respondió con una cifra divina e impactante: “Setenta veces siete”. No está hablando de una cantidad exacta, sino de una actitud constante. Un corazón que ha sido verdaderamente perdonado aprende a perdonar.
Y para ilustrarlo, Jesús cuenta una parábola que revela la diferencia entre recibir el perdón y vivir con un corazón que perdona.
1. EL PERDÓN DE DIOS REVELA CUÁNTO NECESITAMOS PERDONAR (vv.23-27)
En la parábola, un siervo debía diez mil talentos, una cantidad imposible de pagar. Representa nuestra deuda espiritual con Dios: inmensa, eterna, impagable. Pero cuando clama por misericordia, el rey se compadece y le perdona todo. Así es Dios con nosotros. No solo nos da tiempo, no solo nos da una segunda oportunidad. ¡Él borra nuestra deuda!
¿Cómo cambia esto nuestra perspectiva? Si Dios me ha perdonado lo que jamás podría pagar, ¿cómo puedo yo aferrarme a las pequeñas ofensas que otros me hacen?
2. EL CORAZÓN ENDURECIDO OLVIDA LA GRACIA QUE HA RECIBIDO (vv.28-30)
El siervo perdonado sale y encuentra a otro que le debe una cantidad pequeña, cien denarios; y en vez de mostrar compasión, lo asfixia y lo mete preso.
¿Te das cuenta? El perdón recibido no transformó su corazón. Fue perdonado, pero no fue tocado. El problema no es que no nos cueste perdonar. El verdadero problema es que olvidamos cuánto se nos ha perdonado.
Efesios 4:32 nos dice: «Perdonaos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.»
El verdadero perdón nace del reconocimiento de cuánto nos ha perdonado Dios. Cuando olvidamos la cruz, endurecemos nuestro corazón. Pero cuando recordamos el precio de nuestra redención, entendemos que no tenemos derecho a retener ofensas.
3. EL QUE NO PERDONA, SE ENCARCELA A SÍ MISMO (vv.31-35)
Cuando el rey se entera de lo que hizo su siervo, lo llama “malvado” y lo entrega a los verdugos hasta que pague todo. Jesús terminó diciendo algo fuerte: «Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano.» (v.35)
Este versículo nos enseña que el perdón no es opcional para el creyente. No se trata de sentir ganas o esperar que la otra persona lo merezca. Es un mandato que trae libertad. Negarte a perdonar; no castiga al otro, al contrario, te castiga a ti mismo. La amargura es una cárcel sin barrotes visibles, pero muy reales.
Perdonar es soltar la deuda que alguien tiene contigo, recordando que Cristo ya pagó la tuya.
Dios no solo te está recordando cuánto te ha perdonado, sino que te está invitando a perdonar de corazón. Quizás el dolor que sufriste fue real, profundo, y no es fácil soltarlo. Pero el perdón no minimiza el daño; reconoce el dolor, pero decide no cargar más con él.
Jesús en la cruz dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.» Lucas 23:34
Si Él pudo perdonar desde la cruz, nosotros podemos perdonar desde nuestro dolor.
Y cuando lo hacemos, algo se rompe: el ciclo del rencor, la prisión del orgullo, las raíces de amargura y el poder de la herida.
Hoy, Dios no solo quiere que digas “te perdono”, quiere sanar tu corazón para que puedas perdonar de verdad. No desde el rencor, ni desde la obligación religiosa, sino desde la compasión que nace en un corazón tocado por la gracia.
¡Creciendo en la Palabra y viviendo juntos en santidad!

Luiggi Naveda
Pastor Asistente

Excelente devocional, gracias pastor Liuggi