EL PERDÓN: UN ACTO DE OBEDIENCIA A DIOS
«Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano peca contra ti, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. y si siete veces al día peca contra ti, y siete veces al día vuelve a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.»
Lucas 17:3-4
En este pasaje, Jesús nos enseña que el perdón no es una opción, sino que es un deber de todo cristiano. El perdón es un acto de obediencia a Dios y una demostración de su amor y misericordia en nuestras vidas. Perdonar puede ser difícil, especialmente cuando el dolor o la ofensa es profunda. Sin embargo, no debemos olvidar que Jesús nos enseña que el perdón es posible cuando recordamos que Su amor y misericordia hacia nosotros ha sido, y es incondicional.
Perdonar, según la palabra, no es solo dejar de hacerle daño a quien nos ofendió. Es algo mucho más profundo: se trata también de buscar su bien.
Y sí… suena difícil. Porque lo es; pero, ¿te has preguntado por qué Dios nos pide eso?
Una pista clave la vemos en este versículo:
“La respuesta amable calma el enojo, pero la palabra hiriente aumenta el enojo”
Proverbios 15:1
Dios sabe que cuando respondemos con suavidad, desactivamos una bomba. Cuando elegimos la paz, evitamos peleas que podrían salirse de control.
Es como un dicho que escuchamos por ahí: menos bronca, menos lío.
Mis hermanos, el arrepentimiento es clave para el perdón. Cuando alguien se arrepiente de corazón, debemos estar dispuestos a perdonar y reconciliarnos; eso es lo que Dios quiere: que estemos en paz con todos.
No debemos olvidar que el perdón requiere gracia y misericordia. Debemos pedirle a Dios que nos dé la capacidad de perdonar y reconciliarnos con los demás.
Mis hermanos, meditemos en las siguientes preguntas:
- ¿Qué me impide perdonar a alguien que me ha lastimado?
- ¿Cómo puedo demostrar el amor y la misericordia de Dios en mis relaciones?
- ¿Qué significa para mí perdonar y reconciliarme con alguien que me ha ofendido?
No olvidemos lo que dice el texto: «Y si siete veces al día peca contra ti, y siete veces al día vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’; perdónale.»
En Cristo, Dios no solo nos perdona, sino que también nos reconcilia con Él y comienza a restaurarnos a su imagen, como sus hijos e hijas.
Cuando esa verdad habita en nuestro corazón, incluso los momentos más duros o aterradores pueden convertirse en una oportunidad para mostrar el poder del evangelio y reflejar la gloria de nuestro Salvador.
¡Creciendo juntos!

José Miguel Olave
Pastor de Adoración y Artes
