LA VIOLENCIA DE LOS JÓVENES
“Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado.”
1 Samuel 3:13
Cada día vemos y escuchamos cómo la violencia tiñe de sangre, no solo las páginas de los diarios y los sets de televisión; sino, lo que es más triste llena de lágrimas, siembra dolor y genera tragedias difíciles de olvidar en las familias que pierden a sus seres queridos. ¿A qué se debe tanta violencia entre jóvenes estudiantes, hombres maduros y gatilleros a sueldo?
Mirando el versículo que encabeza este devocional, en el cual Dios está dictando una sentencia, contra un sacerdote, no un hombre cualquiera, sino un hombre de Dios, guía del pueblo de Dios; uno se puede dar cuenta de la difícil tarea que nos toca a los padres no solo de alimentar a nuestros hijos; sino, de guiarlos por el buen camino, corregirlos a tiempo y proteger el desarrollo de sus vidas de influencias extrañas que conviven en sociedad.
¿Qué es lo motiva a Dios castigar a este Sumo Sacerdote? Esto lo veremos a continuación tal como aparece en el versículo tema de estudio.
DIOS TOMA UNA DECISIÓN DEFINITIVA. Son muy tristes las palabras de este versículo: “Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre,” (1 Samuel 3:13a). Estas palabras están referidas a Elí, el sacerdote de Israel y quién las toma es precisamente Dios.
Esto muestra claramente que Dios no tiene ni favoritos, ni privilegiados; ya que Dios es justo. Nos indica también que probablemente le había hablado y advertido a Elí más de una vez; porque Dios, no es un padre irascible que toma decisiones de manera emocional. Aunque es un Dios de misericordia, lento para la ira, pero grande en misericordia, que llega un momento que está se acaba y toma una decisión. Basta recordar que Noé predicó 120 años; sin resultado alguno, entonces Dios decidió cerrar la puerta del arca, y aunque la gente de aquel tiempo: llamó, clamó, gritó que le abran la puerta, esta, no se podía abrir porque Jehová la había cerrado.
CAUSA O RAZÓN DEL JUICIO. El texto es claro en mencionar: “por la iniquidad que él sabe;” (1 Samuel 3:13b). Esto, muestra que Elí no ignoraba todo lo que sus hijos hacían. Lo que estaba pasando en esta familia, era permisividad de los padres, lo cual generó un desenfreno en los hijos.
Los hijos de Elí eran impíos y lo dice la Palabra, no es una deducción irresponsable: “Los hijos de Elí eran hombres impíos.” (1 Samuel 2:12a) claro, los hijos no vienen al mundo crecidos y bien formados, somos los padres quienes tenemos la sagrada responsabilidad de iniciar un proceso de formación. La palabra recomienda: “Instruye al niño en su camino y aún cuando fuere viejo no se apartará de él.” (Proverbios 20:6).
La impiedad, es una perversión moral que todo hombre y mujer tiene en su corazón, es la indignidad que acompaña a todo hombre. Al parecer Elí no se preocupó para nada de la formación de sus hijos y permitió que sus hijos nacieran, crecieran y vivieran en el pecado.
LA IRRESPONSABILIDAD DE LOS PADRES. El texto aclara perfectamente la desgracia de esta familia: “porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado.” (1 Samuel 3:13c). La conducta de los hijos era ni más ni menos las consecuencias de la irresponsabilidad de los padres. Estos muchachos vivieron en un relajamiento moral. Dice el texto: “Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo,…” (1 Samuel 2:13-17). Es decir hacían lo que querían, lo que se les daba la gana y nadie le podía decir nada. Lo más grave de todos esto, era que ellos se servían primero y después Dios, esto era terrible. Y tú te preguntarás: ¿y qué hacía el padre? Se quedaba callado, contemplando lo que hacían ellos, sin la capacidad de poner orden y sin autoridad.
Amados, esta situación puede ser semejante o casi parecida a todos los que tenemos hijos en formación. Elí sufrió esta sentencia drástica de parte de Dios. Nosotros tenemos que pensar si Dios lo hizo con un sacerdote en la antigüedad ¿No lo hará con nosotros? Sin lugar a dudas que el Señor lo hará con cualquier padre o madre que no corrige al hijo (a). Hay que recordar la admonición que viene de la palabra: “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige.” (Proverbios 13:24). Considera lo que las SS.EE. nos dicen y a poner en práctica.
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
